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Tercera edad y “viejismo”
El Presidente de la República, Enrique Bolaños, y la Presidenta Ejecutiva del INSS, Edda Callejas, anunciaron a fines de la semana pasada, durante la celebración del Día del Adulto Mayor, que aumentarán el monto de las pensiones en 39 córdobas con 68 centavos mensuales (2.50 dólares) para un grupo; 63 córdobas (3.80 dólares) para otro; y 77 córdobas con 50 centavos (4.75 dólares) para un tercer rango de pensionados.
Evidentemente éste incremento de las pensiones es insignificante en relación con el elevado costo de la vida y en comparación con los incentivos económicos que se asignan los altos funcionarios del INSS, o con las “ayudas sociales” que dicha institución da a algunas personas y empresas particulares; y, peor aún, en comparación con el enorme despilfarro de los fondos de seguridad social que ocurrió durante el régimen sandinista y con el brutal saqueo que se hizo en el gobierno de Arnoldo Alemán.
Sin embargo, el aumento de las pensiones que según la información oficial favorecerá a 64 mil afiliados y 46 mil beneficiarios del INSS, representa globalmente para esta institución una erogación adicional de 33 millones de córdobas mensuales, equivalentes a un poco más de dos millones de dólares. Dadas las circunstancias en que vive el país actualmente, es justo reconocer que aunque mínimo el aumento de las pensiones es una buena decisión del Gobierno y particularmente de la autoridad superior del INSS, y ante todo es un logro de los mismos jubilados. Peor sería que no hubiese ningún aumento y que los fondos del Seguro Social siguieran siendo saqueados como se hizo durante los gobiernos sandinista y arnoldista, que por cierto es lo que volvería a ocurrir si los partidos FSLN y PLC alcanzaran su propósito de apoderarse del INSS por medio de la Asamblea Nacional.
Pero a pesar de las míseras pensiones que reciben, en su gran mayoría, los jubilados y beneficiarios del INSS, ellos no son los que están peor en la grave situación de injusticia social que sufren las personas de la tercera edad en Nicaragua. En realidad, los pensionados del INSS por lo menos reciben una pequeña suma de dinero, mensualmente, mientras que la mayoría de los adultos mayores ni siquiera tienen esa ayuda.
Por cierto que en estos mismos días, representantes de diversos organismos del Estado y no gubernamentales, han estado discutiendo cómo cumplir el compromiso de Nicaragua para ejecutar la llamada Estrategia Regional de Implementación para América Latina y el Caribe del Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento. Se trata, en este caso, de un conjunto de acuerdos que diversas organizaciones internacionales (CEPAL, ONU, OPS, OIT, BID, Banco Mundial), adoptaron en Madrid, España, en noviembre del año pasado, acerca de tópicos como “personas de mayor edad y desarrollo; fomento de la salud y el bienestar en la vejez; y creación de un entorno propicio y favorable para la gente de la tercera edad”.
Al respecto cabe señalar que en el artículo 77 de la Constitución Política de la República de Nicaragua se señala que: “Los ancianos tienen derecho a medidas de protección por parte de la familia, la sociedad y el Estado”. Pero esta disposición, como casi todas las que contiene la Constitución en materia de justicia social, es tan sólo retórica.
Realmente, por la situación material en que viven en Nicaragua las personas de mayor edad, pareciera que aquí lo que predomina es el concepto que un afamado psiquiatra estadounidense, Robert Butler, definió en 1969 como el viejismo (“ageism”), refiriéndose a una actitud social e institucional en la que se demuestra preocupación verbal por los problemas de la tercera edad, pero en la práctica lo que hay es falta de consideración hacia los viejos, pues para su tratamiento sólo se consideran la edad cronológica y las discapacidades asociadas a la vejez.
El viejismo, señaló Butler, está basado fundamentalmente en prejuicios negativos contra los viejos y representa una forma de exclusión social. En realidad, el viejismo es un estereotipo cultural que etiqueta en general a los adultos mayores como físicamente no atractivos, improductivos, enfermos y onerosos, y por lo tanto es una inaceptable forma de discriminación.