Yolanda Favilli Argüello
Es inconcebible cómo el líder del partido sandinista, el ex presidente Daniel Ortega toma ventaja de las autoridades eclesiásticas de Nicaragua para promover su candidatura presidencial.
El 19 de julio pasado, en todos los actos programados por los sandinistas para celebrar los 25 años de su acceso al poder en Nicaragua, se notó a leguas que fueron bien planeados para llevar agua a su molino. Después de tres fracasos seguidos en su intento para acceder a la primera magistratura de la República, el ex presidente Ortega considera que quizás puede lograrlo ahora congraciándose con la alta jerarquía de la Iglesia Católica. En este caso nadie mejor que el cardenal Miguel Obando Bravo que ha gozado y goza de la simpatía y confianza de los nicaragüenses.
En vista de su situación y circunstancias, el ex presidente Ortega no se da por vencido y se prepara para las próximas elecciones. Selectivamente pide perdón a dos de las víctimas de sus calumnias y persecuciones, a monseñor Carballo por la sucia calumnia que le armaron y al cardenal Obando, además de reconocerle a éste la gestión salvadora cuando estuvieron presos en la cárcel en tiempos del general Somoza, lo que no fue óbice para hostigarlo continuamente cuando el ex presidente Ortega estuvo en el poder.
También le encargó una misa al cardenal Obando para celebrar el triunfo de la revolución sandinista. Pareciera que para el ex presidente Ortega, como se dijo de París, la Presidencia de Nicaragua bien le vale una misa. En esas pedidas de perdón, arrepentimientos selectivos y misa, se ve que fueron justamente calibrados en su celebración para coincidir con los 25 años del triunfo de la revolución sandinista, para que destacaran en medio de los otros actos programados en una formidable y ofuscadora conmoción propagandística.