El agua que se logra obtener sale a cuenta gotas y se necesita de un gran esfuerzo para lograrlo.

Pozos que dan vida

Johnny Cajina Guillén Para los vecinos del barrio San Antonio la vida mejoró sustancialmente hace varias semanas cuando la municipalidad abrió tres pozos comunales. Para una buena parte de sus mil 500 habitantes significó el fin de agotadores viajes para traer hasta la casa el agua potable desde la finca de don Virgilio, un benévolo […]

Johnny Cajina Guillén

Para los vecinos del barrio San Antonio la vida mejoró sustancialmente hace varias semanas cuando la municipalidad abrió tres pozos comunales.

Para una buena parte de sus mil 500 habitantes significó el fin de agotadores viajes para traer hasta la casa el agua potable desde la finca de don Virgilio, un benévolo lugareño que se las proporcionaba gratuitamente.

San Antonio está ubicado en la periferia suroeste de Juigalpa, sobre la salida a El Rama y está poblado por retirados de la Resistencia Nicaragüense, que crearon el barrio a mediados de los noventa.

El pozo número dos ubicado frente a la escuela pública La Haya, de San Antonio, es uno de los más concurridos. Aquí los baldes se aglomeran sin cesar y sólo sus dueños, la mayoría mujeres, saben quién llegó antes y quién después.

“Ahorita la chochada está dura porque está nueva”, dice Delvis Rosales, un niño de cuerpo menudo que a sus 10 años da con dificultad las 75 vueltas, que necesita la manivela para llenar un balde. Por las mañanas, Delvis recoge agua para su familia y por las tardes estudia en La Haya.

Detrás de él está Felícita Pérez, una joven que como los demás parece dotada de una gran paciencia y espera turno a la sombra de unos árboles frondosos. “Este pozo es una gran alegría para todos porque ahora tenemos el agua a mano”, expresa.

“En Managua yo he visto cómo derrochan el agua, la tiran a la calle y hasta lavan los carros con manguera. Eso me parece una gran grosería, porque mientras tanto otros luchamos aquí por un poquito de agua”, dice Felícita, mientras se sube a la cabeza el quinto de los ocho bidones que llevará a su casa durante el día.

Según Cecilio Oporta, funcionario de la municipalidad juigalpina y encargado de las relaciones con la comunidad, el pozo número dos de San Antonio es uno de los mejores de la zona y sus aguas son tan buenas y abundantes, que ya hasta se tiene pensado, para un futuro no muy lejano, extraer el vital líquido con bombas eléctricas para abastecer a otros barrios vecinos.

El pozo tiene 300 pies de profundidad y está en capacidad de brindar 30 galones de agua por minuto, explica Oporta. La obra tuvo un costo de 5 mil dólares y forma parte de un programa que la Alcaldía está ejecutando con apoyo del Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE) para paliar la sed de muchos barrios como San José, Las Torres y 30 de Mayo, lugares donde el sistema de tuberías de Enacal, nunca ha llegado.

“Este ha sido uno de los proyectos más productivos que ha hecho la Alcaldía”, dice por su parte, el profesor Juan Alberto López, quien vistiendo shorts y chinelas de hule, era uno más en la fila. “Importa poco si el alcalde no cumplió su promesa de repararnos las calles. Es que ya tenemos con qué bañarnos y con qué cocinar”, afirma López en medio del rechinar metálico de la bomba de mecate. “Es que para nosotros el agua es vida”, dice.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí