En memoria del Héroe Nacional Benjamín Zeledón

Aníbal Gallegos Borgen*

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En memoria del Héroe Nacional Benjamín Zeledón


Aníbal Gallegos Borgen*




Hoy se conmemora un año más de la acción bélica del 4 de octubre de 1912 en la que murió el general Benjamín F. Zeledón.

Masaya había caído ante la combinada lucha de dos ejércitos sitiadores, los conservadores y los marines norteamericanos, y ese día se desató un terrible enfrentamiento, hasta que el coronel Isidro Díaz Flores se hizo cargo de la colina de El Coyotepe para detener un tren militar que iba rumbo a esa ciudad.

El coronel Díaz Flores combatió hasta que se quedó sin cartucho en el fusil. Fue en ese momento que, sorpresivamente, el teniente norteamericano Boctle lo increpó para reclamar su rendimiento, a lo que valientemente el coronel respondió: “Mi deber es defender la soberanía y disparar hasta el último cartucho”. En ese momento fue aprehendido y llevado a la cárcel de Masaya, de donde se fugó después que pasó la contienda.

Narra Hernán Robleto, en su libro Nidos de Memoria, que a eso de las 10 de la mañana, rotas las líneas telefónicas por el oriente, grandes cantidades de enemigos se precipitaron por las calles de Masaya. Fue entonces que el general Zeledón decidió romper líneas de fuego con su Estado Mayor, para dirigirse hacia Jinotepe, donde había una fuerte columna al mando de los generales Horacio Portocarrero y Marcelo Castañeda, quienes días antes habían sido derrotados.

Al observar la presencia de los yanquis que se habían posesionado de El Coyotepe, el general Zeledón retiró los binoculares de sus ojos y, abrumado, pronunció esta histórica frase: “Ellos no tienen culpa, sino los que los llamaron. Pero nosotros hemos salvado el honor de nuestra Patria. No todos somos traidores”. Palabras que Hernán Robleto recogió textualmente en su libro antes mencionado.

Al salir, derrotado, de Masaya, Zeledón se dirigió hacia el camino viejo de Nandasmo, pasando por la comarca El Portillo, rumbo a Jinotepe. El baquiano era el famoso Chico Lelo Tapia, masatepino, quien perdió el camino viejo y fue buscando hacia Nandaime. Al pasar por la finca de Chú Rivas, sorpresivamente apareció una caballería de conservadores que iban al mando del coronel Urpiano Gallegos a reforzar las tropas de Jinotepe.

Los montados, que venían de Nandaime, al ver al general Zeledón y sus soldados hicieron alto, pero el héroe les contestó con disparos. En esa refriega cayeron abatidos el general Benjamín Zeledón y el general Emilio Vega. Testigos de ese episodio contaron que a Vega lo enterraron en el mismo lugar donde cayó y a Zeledón lo trasladaron a Masaya en una carreta que había prestado Chú Rivas.

En el trayecto los acompañantes hicieron un descanso en la esquina frente a la casa de la profesora Hortensia Rayo, en Niquinohomo. Al retomar el camino notaron que el cadáver estaba entrando en estado de descomposición y optaron por sepultarlo en el cementerio más cercano. Pero como desconocían dónde quedaba el panteón de Niquinohomo, trasladaron el cadáver a Catarina, donde fue recibido por el alcalde quien según la historia, lo ultrajó y mandó a enterrar inmediatamente en una fosa común que estaba fuera del campo santo, en donde reposan sus restos hasta hoy en día.

* El autor es periodista e historiador

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