Ricardo Mayorga terminó con un severo corte en el pómulo izquierdo y con el ojo cerrado producto del consistente golpeo de Félix “Tito” Trinidad. El final llegó en el octavo asalto.

Mataron al matador

Un fiero y destructivo regreso de “Tito” sobre Mayorga Edgard TijerinoEnviado Especial/ Nueva York Cayó Ricardo Mayorga, señores. Y tres veces. Lo vieron, así que pueden creerlo. Sólo ganó un round. El juego de imágenes fue siempre macabro. Terminé con la garganta seca y mi sistema nervioso destrozado. ¡Diablos! Todavía estoy viendo a Félix “Tito” […]

  • Un fiero y destructivo regreso de “Tito” sobre Mayorga

Edgard TijerinoEnviado Especial/ Nueva York

Cayó Ricardo Mayorga, señores. Y tres veces. Lo vieron, así que pueden creerlo. Sólo ganó un round. El juego de imágenes fue siempre macabro. Terminé con la garganta seca y mi sistema nervioso destrozado. ¡Diablos! Todavía estoy viendo a Félix “Tito” Trinidad volcado encima de Mayorga con esa furia, precisión y poder, capaz de doblar al Empire State o derretir el puente de Queens.

El boricua se vio tan implacable como Atila. Frente a lo catastrófico, mi corazón está latiendo precipitadamente. No, no era esto lo que pensaba ver. No a Ricardo Mayorga destruido en forma tan brutal como el Titanic chocando contra la montaña de hielo, o Pompeya sepultada por el Vesubio.

FUE UN DOBERMAN

Ha sido un fiero y demoledor retorno de “Tito” Trinidad al boxeo. Peleó como si nunca se hubiera ausentado, definiendo la pelea en el octavo asalto, como los noqueadores de raza. Un auténtico doberman.

Ricardo Mayorga, después de demostrar que es un yunque, fue derribado tres veces de diferentes maneras, como si Trinidad estuviera ofreciendo una demostración de variantes destructivas.

La imagen de Ricardo era estrujante y dramática. Como sacada del infierno que nos grafica Dante. Y es que la pelea fue exactamente eso para Ricardo Mayorga. Algo infernal. Cometió la imperdonable imprudencia de exponer su quijada de mármol, al golpeo impune de “Tito” en el primer asalto.

¡QUÉ IMPRUDENCIA!

¿Cómo diablos se le ocurre regalar un round que estaba ganando? Siempre se dijo que Trinidad es un peleador de crecimiento. Que le toma un tiempo entrar en calor, comenzar a hervir.

Pero, anoche, en el ring del Madison Square Garden, estuvo humeante desde muy temprano. Después de tres años de aquella dolorosa derrota frente a Bernard Hopkins, el ídolo boricua resucitó ruidosamente mostrando el poder de su cañoneo.

Ese ímpetu fue demoledor; la determinación que mostró, impresionante; su agresividad sostenida y efectiva, hasta cierto punto sorprendente; sus combinaciones de golpes, sencillamente escalofriantes; el riesgo sin límite y la furia sin freno.

El único asalto que perdió fue el tercero, cuando Mayorga lo obligó a doblarse y evitó caer apoyando su puño en el piso.

APLASTANTE DOMINIO

Su superioridad ha sido, no incuestionable, sino aplastante. “Mató al Matador” asombrando al Garden y al mundo del boxeo. Mientras veía avanzar la pelea me aferraba a la posibilidad que siempre se le concede a los golpeadores de poder con aguante de roca como lo fue Marciano: producir un impacto de nocaut.

Pero Trinidad se había preparado como nunca. Soportó los mejores golpes que Mayorga pudo conectar y nunca cedió la iniciativa. Que raro fue ver a Mayorga retrocediendo, buscando aire, pidiendo a gritos una brújula para orientarse.

En ciertos momentos debe haber sentido que estaba viajando hacia el centro de la Tierra después de ser azotado por un huracán.

A PRUEBA DE BALAS

Hay que ponerse de pie para aplaudir su valentía a prueba de balas. Sólo un hombre como él, construido con el mejor granito y dueño de un corazón tan inmenso como el Himalaya, puede resistir tanto castigo, con tanta entereza.

Ese corte debajo del ojo izquierdo, esa nariz sangrante, esa mirada desconcertada, esa cabeza tan fieramente golpeada, esa quijada atacada sin piedad, ese hígado arrugado por varios arponazos, y esas tres caídas del octavo asalto, constituyen un certificado de lo unilateral que fue el combate. Fue sí, aunque parezca un contrasentido, una gran pelea, en tanto Mayorga siempre estuvo en pie de lucha. Cada vez que tuvo oportunidad de gritar “¡Estoy vivo!”, lo hizo con reacciones que salían del fondo de su alma.

Ciertamente, es un gladiador, casi tan fantasioso como Espartaco o Máximo. Nerón lo estaría ovacionando todavía, genuinamente impresionado. Para Mayorga, no es tiempo de llorar, sino de reflexionar. Uno piensa que en las 154 libras, puede hacer historia.

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