- Ricardo muestra una confianza exuberante
Edgard Tijerino M.Enviado Especial/Nueva York
Con excepción de Bernard Hopkins, todo aquel que logró derribar a Félix “Tito” Trinidad, terminó siendo noqueado. Alrededor de esa característica, el boricua edificó su fama, impactó como un huracán, y obtuvo un profundo respeto.
Cuando le mencionan ese detalle a Ricardo Mayorga, responde de inmediato: “En cuanto Tito caiga, debe darse por muerto. Me tendrá encima con toda mi presión y todo mi poder, destrozándolo”.
En el Southgate Tower, Mayorga lo cubre todo. Lo comprobé anoche cuando bajó a cenar escoltado por sus padres y una de sus hermanas. Da la impresión que la gran mayoría de los que aquí trabajan, quieren un pedazo del nica.
Ellos ven a Mayorga convertido en la nueva atracción del boxeo, y les atrae su manera de ser tan espontánea e impredecible como su boxeo. Es como si se identificaran con él.
No parecen estar enterados de los terribles problemas en que se ha sumergido con una extraña vocación de suicida.
Bueno, después de casos como el de Mike Tyson, ¿por qué podía interesarles?
La dureza mental de Mayorga, ha sido su mejor arma. Más importante y decisiva que su dureza física.
“Tito no tiene ningún chance frente a mí, como tampoco lo tienen Hopkins, Mosley y De la Hoya. Caerá rápido porque es menos que Lewis y Forrest y yo estoy muy potente. Haré caer encima de él tantos golpes que el ring le parecerá muy estrecho. Él sabe lo que le espera y lo único que puede hacer es hablar”, ha dicho Ricardo.
Según Garibaldi, veremos un Mayorga más preciso.
“Hemos trabajado mucho en el Gimnasio y sus golpes están más certeros. Se está moviendo más convenientemente para buscar mejores ángulos y eso lo podrán observar desde muy temprano. Ricardo ofrecerá su mejor demostración”, asegura el competente adiestrador.
¡Qué bueno sería eso!
Cuando hace unas semanas le pregunté al padre de Trinidad ¿cuál puede ser un plan efectivo para intentar sujetar la agresividad de Mayorga?, no pudo evitar rascarse la cabeza consciente del grado de dificultad que tiene ese proyecto.
“Tito tiene brazos largos, sabe combinar sus golpes con rapidez y certeza y puede moverse con prontitud, esto es, salirse a tiempo de la línea de fuego de Mayorga y contragolpear. Eso será clave”, me dijo.
ES SABROSO TEORIZAR
Recuerdo a Forrest antes de la pelea de revancha, dibujando su plan, como un Picasso inspirado. Trataba de demostrar que tenía el antídoto, y aunque ciertamente fue otra pelea y caminó toda la ruta, nunca tuvo tiempo y espacio para la realización de su estrategia.
Desde siempre, Mayorga ha sido percibido como un peleador callejero. Esa es su forma de combatir y lo hace muy bien. Es solamente alguien impulsado por una fogosidad escalofriante, buscando como abrumar al enemigo y quitarle toda iniciativa.
La mejor manera de lograrlo es volcándose sobre él, y seguramente eso es lo que veremos esta noche en el ring del Garden.
PELIGROSO RIVAL
A pocas horas de tomar otro riesgo, Ricardo Mayorga confía ciegamente en su instinto matador para decapitar a Tito Trinidad.
El boricua, a quien podemos considerar el más peligroso rival de la carrera de Mayorga, si consigue aproximarse al gran peleador que vimos y admiramos antes de aquella noche de la amargura, cuando en este mismo escenario, con el mismo árbitro, Steve Smoger, fue demolido brutalmente por Bernard Hopkins.
Llegó el momento de abrocharse los cinturones.