Patriotismo

Thomas W. West

Patriotismo es amar con hechos y no palabras a Nicaragua donde nos tocó nacer. Este valor muchas veces lo relacionamos con las bandas de guerra, con las minifaldas de palillonas, con marchas y desfiles estilo militar, y no con correcto sentido que posee.

Entendido como costumbre buena, como conducta operativa excelente, el patriotismo hace referencia al amor de preferencia que se tiene o se debe tener por el pedazo de terruño que nos ha visto nacer. Y cuando se habla de amor hay que hacer siempre la advertencia que no estamos hablando solamente de sentimientos sino, sobre todo, de auténticas decisiones, de compromisos de empeñar una palabra y luego respetarla. Y de practicar además otras virtudes que como la lealtad nos obliga a cumplirle a quien le debemos honor.

Los próceres, por ejemplo, y todos los grandes hombres y mujeres famosos que han empeñado sus vidas en mejorar la situación económica, cultural o política de este país no se dedicaron a marchar por las calles y avenidas o a recitar bonitos versos políticos de Rubén Darío a Nicaragua.

En el recién pasado septiembre se dijeron frases memorables que ayudaron a adornar los discursos y los murales de las escuelas, colegios e institutos, pero lo verdaderamente importante es que las razones por las que se han introducido a la historia de manera especial, han sido sus hechos y no palabras.

Ahora bien, si los nicaragüenses de hoy pensamos en las conductas que debemos reflejar para ser por ellas consideradas como patriotas en los valores que debemos traducir a virtudes para vivir el patriotismo, creo que hay por lo menos un par de ellas que no podrán faltar. La primera: soberanía, integridad e identidad nacional, igualdad, libertad y fraternidad, lo mismo que el honor, la lealtad y el sacrificio.

Tal conjunto de valores integrados dinámicamente en una cultura y un hogar común. La Patria es de todos los nicaragüenses. La sobriedad significa que no podemos pretender vivir como en un país de ricos, estando como país entero al borde de la miseria, viviendo de la caridad internacional, comiendo de prestado.

Ser consumista en Nicaragua es ser apátrida, practicar la cultura de lo desechable y del desperdicio, es no querer a esta tierra de lagos y volcanes.

En cuanto a la solidaridad: no es buen nicaragüense el que se harta y luego se acuesta a dormir tranquilo, olvidándose que su vecino, su prójimo, su paisano, su hermano, medio sobrevive con un salario mínimo que brilla en lo obsceno por inmoral y por insuficiente para cubrir las necesidades elementales de una población que hace malabares para medio comer, para medio vestir y para medio mantenerse sana.

El patriotismo es, pues, mucho más que rumor de tambores, clarines y exhibición de piernas jamonezcas. Es amor con hechos y no simples palabras dirigidas a este pedazo de cielo de Nicaragua en el que nos tocó nacer y por ende a los hermanos que lo habitan.

El autor es religioso

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