Herman Ríos
Malos tiempos los nuestros. Se podría afirmar, no tan malos. Esa frase es añeja, cansada y reiterativa entre los coterráneos de este país y por generaciones se sigue repitiendo como una letanía costumbrista, que se viene a sintetizar en el saludo: ¿Cómo has estado? Respondemos con frecuencia: ¡Regular!, o ¡más o menos!
El asunto no es que hay malos o buenos tiempos, sino que se ha petrificado la vida pública en la dirigencia política de tiranías desalmadas y caudillos inveterados, generados por la misma brecha de todos los tiempos entre ricos y pobres, porque no logramos hacer desaparecer el arraigo del servilismo emotivo y el servilismo material.
El primero no tiene sentido práctico: se es liberal, conservador o sandinista por herencia. Y el segundo es vergonzoso, por aprovechar la función pública para beneficios empresariales o personales. Sin duda, la vida política del país se ha convertido en un acto teatral, sin pies ni final. Haciendo crecer el servilismo real o clientelismo, mostrando una mezcla suicida de miopía y cinismo; entronizando a los caudillos en su vieja mula mañosa y corrupta. Los caudillos no tienen apuro, cabalgan a paso cansado y hacen que otros galopen.
Diariamente se escriben y se hablan cientos de miles de palabras contra los dos “egregios” caudillos. Los serviles firmes dispuestos a engañar engañándose y los contrarios propensos al insulto y la crítica admonitoria. Tantas manifestaciones callejeras en contra del Gobierno y sus instituciones, otras tantas violentas para reclamar dinero y prebendas y unas cuantas de arreo a la pobretería para que reclame sólo sus propios sueños.
Entonces, ¿cuándo va a llegar la fecha para una manifestación callejera que llegue hasta las ventanas de esos dos oscuros personajes, como serenata permanente que turbe sus sueños egoístas, para que permitan los liderazgos internos de sus partidos, dejen de entrometerse en la institución del Estado, se orillen del juego politiquero para la creación de leyes necesarias que no rezaguen al país en el camino de la modernidad regional, para otorgar confianza a los grandes inversores y que no sigan éstos creando empresas de cascarón con todo el caudal financiero protegido en otros países y como premio de consolación a los medianos y pequeños un trozo de seguridad jurídica y policial?
Así, serviles emotivos y reales, junto con los ciudadanos mudos, indiferentes y silenciosos, denominados también voto oscuro, tomemos las calles para erradicar de tajo el caudillismo bipartidista. De la misma manera quedarán, por antonomasia, borrados en las listas del presupuesto nacional, los hermosos y perfumados miembros colegiados en las instituciones del Estado, que son investidos como magistrados de todo y nada. El CSE debe ser un instituto regulador, integrado por personajes sin inclinaciones políticas comprometidas. La CSJ debe ser revisada a conciencia. La Contraloría es otro cuello de botella que debe romperse.
La vida cotidiana está tachonada por todas partes de propaganda proselitista, para engañarse engañando. Las encuestas subiendo a unos y bajando al otro. Las promesas de bienestar común de un candidato, desapareciendo impuestos para que se creen nuevos empleos de empresas encuadradas y supernumerarias, dos al unísono modernizando el transporte con sueños de trenes o vías férreas extraterrestres en una ciudad donde los cauces siguen abiertos y la basura es un tormento. Otro pidiendo que las masas opinen en la administración pública (¿que acaso no vive en este país donde no se discute sino que se alega a gritos o machetazos?) Otro más chistoso, promoviendo indirectamente que para ser ciudadano del mundo moderno debemos aprender aunque sea a garrotazos cómo manejar un internet o una página web, sin darse cuenta que la gente, cuatro de cada cinco, no tiene más tiempo que para andar en la rebusca por la sobrevivencia. Y un último aferrado a un eslogan, mucho con poco. Cuál es lo mucho y de dónde sale el poco, es la incógnita.
Es increíble pero cierto: los candidatos capitalinos son de otra galaxia, en cambio los de los municipios más pobres son de aquí, no ofrecen nada sino que ya tienen la canastita para salir a pedir y pedir hasta el cansancio. Es una sugerencia: encláustrense todos los candidatos de Managua, asesorados por unos dos o tres miembros de las ONG, algún embajador confiable, un buen cura, un sincero pastor evangélico y un buen comunicador. Pónganse de acuerdo con realidades probables y no posibilidades que son dudosas, y el primer beneficio será la merma del gasto en propaganda insulsa. Después salga cada uno a predicar con la verdad; de esta manera se evitarán hacer el ridículo de mover la colita, tirar besitos de vedette de segunda y llenarnos la vida cotidiana con imágenes que insultan a la pobreza.
El autor es escritor