Buseros

Jerson Bejarano Para los buseros la vida no significa nada, comienza y termina con el cobro del pasaje a quienes por desgracia tienen la triste suerte de montarse en sus buses descompuestos. Ellos prefieren invertir en un par de parlantes estrambóticos o bocinas terroríficas que poner nuevas llantas y cambiar los frenos. Atropellan niños y […]

Jerson Bejarano

Para los buseros la vida no significa nada, comienza y termina con el cobro del pasaje a quienes por desgracia tienen la triste suerte de montarse en sus buses descompuestos. Ellos prefieren invertir en un par de parlantes estrambóticos o bocinas terroríficas que poner nuevas llantas y cambiar los frenos. Atropellan niños y ancianos que no alcanzaron a correr en busca de la otra acera, o bien, aplastan los vehículos de particulares.

Son los señores buseros y los taxistas los mayores responsables de la tragedia que a diario se escenifica en cualquier calle de Nicaragua, y aún así, se resisten a pagar un seguro que bien sabido es lo recuperan con el trabajo de una semana, a veces menos. Ante este problema el Gobierno no hace nada. Pedro Solórzano vive más preocupado por los panfletos electorales en Carretera Norte que por la buena marcha del transporte y sus usuarios en el país.

Otro tanto sucede con las alcaldías, concentradas en la manera de preservar el puestecito que se mal ganaron en las elecciones pasadas. Por su parte los diputados tampoco resuelven nada. Y son también culpables de que los buseros asesinos hagan y deshagan a su antojo con la población. ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué dejarnos dominar por esa caterva de salvajes que muestran una y otra vez su absoluto desprecio por la vida?

No hay que dejarlos salirse con la suya, hay que exigirles los seguros por daños a terceros. Cómo es posible que quieran sustituir un seguro obligatorio por un papelito de compromiso de que en caso de accidente ellos se harán responsables. ¡No! Que paguen como todo particular, y que lo hagan ya.

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