Hermano José O. Membreño
El reportaje más hermoso y valioso es el que publicó LA PRENSA el 12 de septiembre (La Biblia, palabra de Dios).
Esta hermosura de reportajes quisiera encontrar en estas páginas más frecuentemente; nadie puede negar que la Biblia es la palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo.
Tratándose de la sabiduría de Dios, algo que ningún hombre podría llegar a alcanzar en su plenitud, quiero presentar una pequeña porción de esa maravillosa palabra y los invito a leer en la primera carta al apóstol Pedro, capítulo 3, versículo del 1 al 7, que dice:
“Asimismo, vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también las que no creen a la palabra sean ganados sin palabra por la conducta casta y respetuosa”.
“Vuestro atavío no sea al extremo de peinados ostentosos, de adornos de oro de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.
“Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor, de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza”.
“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer coro a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.
Si me amáis, guardad mis mandamientos; dice el Señor. (Jn. 14:15).