Armando Mendoza Yescas*
Después de 45 años de fundado el Colegio de Contadores Públicos de Nicaragua, debemos estar eternamente agradecidos con los pioneros de nuestra profesión. Basta pensar que en unas cuantas manos estuvo el destino de todos los que vendríamos después. Bien hubieran podido conformarse con establecerse como tenedores de libros y evitar el gran esfuerzo que significó alcanzar la posición de contadores públicos independientes; bien hubieran podido dar a la profesión el enfoque de coyotería fiscal o de servilismo a la clientela; bien pudiera haberse olvidado de autoimponerse las reglas de ética o de adaptar a nuestro país, con maravillosa previsión del futuro, las normas que rigen el examen de estados financieros. Nuestros pioneros seguramente tuvieron, y tienen, defectos pero, si alguien puede no sentirse movido a aplaudirles por agradecimiento o por respeto, si al menos estoy seguro que ningún contador público del presente dejará de aplaudirles ¡su profunda visión del futuro y su admirable fortaleza!
Quiero patentizar mi profundo agradecimiento, respeto y gratitud a ese grupo de queridos colegas, que hace 45 años se reunieron para festejar con alegría, ilusión y esperanza la fundación del colegio, que cambiaría el vértice de la historia de la contaduría pública en Nicaragua.
* Ex presidente del Colegio de Contadores Públicos de Nicaragua