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Los desafíos de la ONU
Hoy comienza el 59 período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la ciudad estadounidense de Nueva York, donde dicha organización internacional tiene su sede permanente.
Más o menos 90 jefes de Estado y/o de Gobierno, de los 192 países que son miembros de la Organización de Naciones Unidas, se han inscrito para hablar ante la Asamblea General, entre ellos el Presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños Geyer, quien lo hará mañana 22 de septiembre a primera hora de la tarde.
Nicaragua es fundador y miembro de la ONU desde 1945, cuando era Presidente de la República el general Anastasio Somoza García, quien gobernó despóticamente al país desde fines de 1936 hasta el 21 de septiembre de 1956, fecha en que fue asesinado en León, precisamente hoy hace 48 años.
Hasta donde sabemos, la presentación del presidente Bolaños ante la Asamblea General de la ONU será de rutina: hablará sobre sus logros en la lucha contra la corrupción; reiterará la inevitable petición de más cooperación externa para Nicaragua; renovará su condena moral al terrorismo; declarará su compromiso de seguir luchando contra la pobreza y el narcotráfico; expondrá sus ideas para crear un mejor clima de negocios en Nicaragua, y respaldará el derecho de China Taiwan a ser reincorporada a la ONU, de la que fue excluida por presiones de China comunista y conveniencias de las grandes potencias democráticas.
Y en lo que respecta a la misma Asamblea General de la ONU, no se espera nada fuera de lo ordinario. En realidad, este organismo es más que todo deliberativo, las decisiones de real importancia están reservadas al Consejo de Seguridad, que está integrado de manera permanente por 5 superpotencias (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Rusia y China comunista) y otros 10 países que son renovados cada dos años.
Precisamente la ampliación del número de miembros permanentes y rotativos del Consejo de Seguridad será otra vez uno de los principales temas de discusión este año —se viene discutiendo desde 1991—, y para aprobar una resolución al respecto la Asamblea General tendría que reunir el voto de dos tercios de los 191 países miembros de la ONU, y que no la vete el Consejo de Seguridad.
Alemania y Japón, que están entre los países más poderosos del mundo y son grandes contribuyentes al mantenimiento de la ONU, demandan su incorporación al Consejo de Seguridad como miembros permanentes. Pero también aspiran, por razones de representación geopolítica: India e Indonesia, de Asia; Sudáfrica y Nigeria, de África; Egipto, del Oriente Medio, y Brasil, de América Latina. En todo caso, según la propuesta de ampliación del Consejo de Seguridad, los miembros permanentes y rotativos de dicho organismo estratégico de la ONU no deberían ser menos de 24 ni más de 26.
Según analistas internacionales, el desafío que se le ha planteado a la ONU, actualmente, es restablecer su autoridad internacional que fue severamente afectada por la decisión de Estados Unidos y sus aliados de declarar la guerra de Irak para derrocar al régimen de Saddam Hussein, sin la aprobación del Consejo de Seguridad. Al respecto, la semana pasada el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, volvió a calificar de “ilegal” dicha guerra, en reacción a lo dicho por el Vicepresidente estadounidense, Richard Cheney, en la reciente convención del Partido Republicano, acerca de que Estados Unidos no puede ni debe confiar su seguridad a la Organización de Naciones Unidas.
El problema consiste, básicamente, en que la ONU fue diseñada para actuar en un mundo que ya no existe y de conformidad con valores de política internacional que si bien no han desaparecido, ya fueron significativamente modificados por el curso de los acontecimientos.
En realidad, si los países violadores de los derechos humanos son miembros de la Organización de Naciones Unidas, no se puede esperar que aprueben y mucho menos que ejecuten acciones contra ellos mismos. De igual modo, si gobernantes enemigos de Estados Unidos participan activamente en las deliberaciones y votaciones de la ONU, es imposible que esta organización respalde acciones de guerra como la de Irak, en respuesta a la agresión del terrorismo internacional. Ése es el problema.