Emilio Alvarez Montalván
Benjamín Subercaseau, un laureado intelectual chileno, se jacta de que su país posee “una loca geografía”. En realidad, es desconcertante la variedad del territorio de Chile, que comprende fértiles planicies, nevadas montañas, extensos desiertos, depresiones intermedias, e incluso, lagos y volcanes. Resulta así una orografía que, además de heterogénea, está longitudinalmente dispuesta, abarcando 49 grados de latitud. Además, por su apretada angostura, pareciera que la cordillera andina lo empuja hacia el mar. Mientras tanto consigue una variedad de climas y una gran riqueza de recursos naturales: cobre, molibdeno, pesca, hierro, carbón, salitre, etc. Por otra parte, Chile es tri-continental, al ejercer soberanía en América, Oceanía y Antártica, poseyendo, a 3,700 kilómetros de la costa, la exótica isla Rapa Nui, ombligo del mundo. Cuenta además en el Polo Sur con millón y medio de kilómetros cuadrados.
No obstante, esa curiosa orografía no es lo más impresionante de Chile, sino su asombroso y rápido desarrollo, implementado en los últimos 20 años, y la solidez histórica de sus instituciones democráticas. Menciono como ejemplo de esa estabilidad a su aparato judicial, que nunca fue removido por pretextos partidarios a pesar de las graves conmociones de 1891, 1924, 1927, 1932 y, últimamente, con Salvador Allende y luego Augusto Pinochet.
Es lógico preguntarse: ¿Por qué Chile, a diferencia de sus hermanos latinoamericanos, mantiene inamovibles a sus autoridades judiciales? Según el historiador Galdames, hubo dos elementos que lo explican. El primero, que Chile pudo organizarse, al independizarse, como un Estado muy sólido, por el apoyo de familias criollas de origen vasco, catalán, castellano y de un grupo prestigiado de mestizos ilustrados que gozaban, todos, de mucho arraigo social y económico. El segundo factor fue que desde 1816 la Junta de Gobierno tomó en serio la separación de poderes. Si bien respaldaron a Bernardo O`Higgins, no vacilaron los próceres de la “Patria Vieja” en pedirle la renuncia al Libertador, cuando éste, en 1822, pretendió asumir todos los poderes.
Desde entonces quedó grabado en la conciencia de jueces y magistrados chilenos el empeño por hacerse respetar por la élite política de turno, dado su profesionalismo y apoliticidad. Eso explica, que apenas 30 años después de independizarse, la nación chilena funcionara en orden y progreso, mucho antes que sus vecinos. Ese período pacífico permitió a sus gobernantes impulsar la educación a todos los niveles, aprovechando los cuantiosos ingresos del salitre. Ese Chile culto, amistoso y paradigma democrático, fue admirado y aprovechado por Rubén Darío.
Otra característica fundamental ha sido que el Estado chileno se ha desenvuelto con una vocación reformista y civilista. Así, hubo sucesivamente gobernantes conservadores, liberales, radicales, socialcristianos y socialistas. Ese hilo conductor progresista explica que el grave conflicto estallado cuando Salvador Allende, quien no era marxista leninista, venía armándose desde antes. Me refiero a que las reivindicaciones sociales constituían desde los años 40, imperativo de un sector importante de su clase política. El problema fue que el gasto incurrido en esa tarea carecía de la contrapartida de un ingreso adecuado. Se creyó en los años 70 que actuando rápido y profundo, disminuiría aquella brecha. Lo cierto es que fuerzas poderosas, internas y externas, rechazaron esa impaciencia.
En todo caso, restaurada la democracia después de la dictadura pinochetista que reconstruyó exitosamente la economía, Chile logró reconciliarse y sortear con la Presidencia de Ricardo Lagos tanto su relación con las Fuerzas Armadas como el juicio contra el general Pinochet, sin mayores trastornos. Quedan, sin embargo, secuelas del régimen militar, como los nueve senadores designados y el Consejo de Seguridad Nacional. No obstante, el país tiene un PIB anual de 78 mil millones de dólares y un per cápita de 5,000 dólares, además de registrar un superávit comercial de 8,500 millones de dólares anuales. Por otra parte, sus exportaciones bordean 30 mil millones de dólares, revelando en el primer semestre de este año un aumento del 48 por ciento, después de firmados los TLC con la Unión Europea, Estados Unidos, México y el EFTA.
Señalo finalmente que Chile —que celebró el recién pasado sábado 18 de septiembre el 196 aniversario de su independencia nacional—, fue siempre “un asilo contra la opresión” y una Atenas generosa para las oleadas de universitarios latinoamericanos. Espero que esta vez asuma el liderato continental que merece, y comparta la enseñanza de sus experiencias exitosas con sus hermanos del sur del Río Bravo.
El autor fue Canciller de Nicaragua