- Se dice que el nicaragüense es trabajador, sin embargo, un estudio realizado por el Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos, revela que de cada diez pobladores, nueve se recrean, pero de ellos sólo tres realizan un trabajo productivo
Wilder Pérez R.
En Nicaragua hay más gente dedicada a la diversión que al trabajo productivo.
Un estudio reciente del Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (INEC), reveló que hay más nicaragüenses recreándose que produciendo, aún cuando en algunos estratos se dedica menos tiempo a la primera actividad que a la segunda.
La investigación del INEC, titulada “Uso del tiempo de las y los nicaragüenses”, indica que tanto los pobres como los no pobres, se ven más involucrados en actividades recreativas que en el trabajo productivo y reproductivo. El estudio no refleja datos significativos para los segmentos de pobres y pobres extremos.
Los investigadores, miembros de una firma consultora cuyo nombre no fue revelado por el INEC, concluyeron que los nicaragüenses dedican un 22.9 por ciento de su tiempo a actividades recreativas, el 13.2 por ciento al trabajo productivo (que genera bienes, servicios o autoconsumo), el 12.6 por ciento al trabajo reproductivo, el 6.0 por ciento a la educación, y el 0.5 por ciento al trabajo comunitario.
Independientemente de la zona donde viva, urbana o rural, el restante 44.8 por ciento, el nicaragüense lo “invierte” en actividades de cuidado personal, como dormir, bañarse, alimentarse, vestirse, buscar atención en salud, entre otras cosas que, sumadas a los momentos de recreación (tiempo libre), dejan un 32.3 por ciento para la vida laboral, aproximadamente el equivalente a las ocho horas reglamentarias de trabajo.
RECREACIÓN
En base al concepto de “recreación” adoptado para el estudio, los nicaragüenses siempre se las arreglan para leer, descansar o tomar la siesta, ver televisión, realizar o recibir visitas, conversar, tomar refrigerio o asistir a alguna reunión social, independientemente de la situación laboral de cada quien.
De esta manera, los hombres que pasan el día esperando “rumbos” (trabajos ocasionales) en los parques San Sebastián y Candelaria de Managua, se consideran como personas recreándose, debido a que ocupan el tiempo libre en actividades ociosas, incluyendo la lectura. Coincidentemente, en eso se les va la mayor parte del día a este tipo de trabajadores.
Sin embargo, Bernardo Lanuza, un ingeniero forestal que trabaja por contratos cortos, que actualmente está en el desempleo, opina que tener tiempo libre no significa recrearse.
“Acompaño por las tardes a una sobrina a sus clases de danza pero no me estoy recreando, a ver televisión no le llamo una distracción, cuando uno está sin empleo más bien piensa en muchas cosas que debe solucionar, eso no es recrearse”, aduce.
Por otro lado, Lanuza apela a cuadros comunes en Nicaragua, que presentan a familias, a veces numerosas, que dependen de uno o dos miembros trabajadores, que no necesariamente realizan un trabajo productivo, sino que apartan tiempo para el trabajo reproductivo. “Y en el campo la situación es más crítica”, añade, basado en su experiencia de trabajar en zonas rurales.
HOMBRES SE DIVIERTEN MÁS
Y así lo muestran los datos. Los promedios de hombres y mujeres que participan en actividades de recreación, superan el 90 por ciento para ambos sexos.
En cantidades, los hombres ocupan 5.9 horas diarias recreándose, mientras que las mujeres lo hacen 5.4 horas al día. Esa cantidad no tiene variaciones trascendentales de acuerdo al nivel socioeconómico que se observe.
No obstante, la recreación aumentan un poco en el caso de los varones de nivel técnico y superior, sobre todo en áreas rurales, pero las mujeres universitarias son las que menos se recrean, mientras que los hombres del campo tienen más tiempo libre.
Los jefes de hogar, que no necesariamente son quienes realizan el trabajo productivo, tienen una participación del 93.3 por ciento en actividades recreativas para los hombres, y 90.0 por ciento para las mujeres.
TRABAJO PRODUCTIVO
Eso refleja un contraste con la tasa de participación de los nicaragüenses en el trabajo productivo, definido como las actividades realizadas con el fin de producir bienes y servicios para el mercado, incluyendo la producción para el autoconsumo siempre que los bienes obtenidos pertenezcan al sector agropecuario, al igual que la autoconstrucción.
Los hombres dedican un 55.3 por ciento al trabajo productivo y las mujeres un 24.7 por ciento. Proporcionalmente, los hombres participan en el trabajo productivo en un 68.8 por ciento frente a un 31.2 por ciento de las mujeres. En horas diarias, los primeros invierten 8.2 en este tipo de trabajo y las segundas 7.3 por ciento.
En las regiones urbanas, los hombres participan en un 48.7 por ciento y las mujeres en un 30.8 por ciento. En las rurales, los primeros suben a un 61.9 por ciento, pero las segundas bajan a un 17.2 por ciento. La proporción del trabajo productivo en la ciudad es casi pareja entre hombres y mujeres, con un 58.2 por ciento frente a un 41.8 respectivamente, pero en las zonas rurales los primeros suben hasta el 80.2 por ciento frente a un 19.8 por ciento para las segundas.
BAJA ESCOLARIDAD
El estudio también revela que los nicaragüenses tienen más trabajo productivo en los niveles técnico, universitario y secundario. Lo que se reporta como “preocupante”, es que solamente el 11.6 por ciento de la población urbana y el 1.7 de la rural, de los que realizan trabajo productivo, han alcanzado algún nivel educativo.
Tanto entre parejas casadas como entre solteros, los hombres realizan el triple de trabajo productivo que las mujeres, pero entre personas viudas y separadas, la mujer hace el doble que el hombre.
Se descubrió que la mayoría de hombres en Nicaragua se dedican a trabajar en el sector agropecuario, y una proporción menor de éstos en el sector industrial manufacturero.
En el caso de las mujeres, sus centros laborales se concentran en el comercio y los servicios.
Todo esto da como resultado, que la Población Económicamente Activa (PEA) represente un 49.3 por ciento de la población de seis años de vida y más, según el informe.
En este sentido, la PEA masculina es de 66.8 por ciento y la femenina alcanza el 33.2 por ciento del total.
REPRODUCTIVO
En el trabajo reproductivo, predomina la participación de las mujeres con un 61.9 por ciento sobre el 38.1 por ciento de los hombres, un rango que se ensancha en la ciudad y se estrecha en el campo.
Tal actividad, es vista como el motor de reproducción de la sociedad, según el estudio, y comprende tanto la reproducción biológica como social, así como la de la fuerza de trabajo, comprendiendo las labores cotidianas y transmisión de valores, conocimientos y comportamientos que garanticen el acceso y control de los recursos económicos, además de las actividades domésticas, desde lavar los platos hasta comprar ropa.
Los hombres que más se involucran en el trabajo reproductivo son los que no tienen ningún nivel de instrucción, mientras que los universitarios lo hacen menos. Las mujeres llegan al 90 por ciento en el nivel técnico, y su mínimo también está en el nivel universitario.
En el caso conyugal, las mujeres casadas o unidas y los hombres separados o viudos, son los que más hacen el trabajo reproductivo, en especial si están desempleados.
COMUNITARIO
Los nicaragüenses dedican pocas horas al trabajo comunitario, aunque hay mayor participación de la mujer, con mayor intervención de ambos en el área rural.
El máximo nivel se alcanza en la tercera edad. Por un lado, los hombres se involucran en un 11.6 por ciento, por el otro, las mujeres alcanzan un porcentaje del 11.78. Mientras los primeros muestran menor índice entre universitarios, con las mujeres ocurre exactamente lo contrario.
¿Y LA INTENSIDAD DE TRABAJO?
Todos los datos fueron tratados por una firma consultora, de la cual sólo el nombre de los autores aparece en la publicación del INEC: Mercedes Aguilar e Isolda Espinosa.
Se trabajó sobre la base de la segunda Encuesta Nacional de Hogares sobre Medición de Nivel de Vida, realizada por el INEC en abril de 1998, aplicada a dos mil 325 viviendas, que equivalió al 50 por ciento de la muestra total.
El uso del tiempo se aplicó a los habitantes de seis años de edad o más, sin embargo, no se obtuvieron los datos sobre el tiempo destinado a actividades simultáneas.
Los autores reflejaron que lo anterior, junto a la falta de identificación de otras actividades, representó un “serio” obstáculo para el análisis de la intensidad del trabajo.
HIJOS DE TIGRES
A los diputados suele llamárseles los “padres de la patria”, pero la población se queja de que este sobrenombre no concuerda con ellos, debido a que no representan las necesidades reales de los nicaragüenses.
Sin embargo, a juzgar por los resultados del estudio del Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos, éstos son padres muy ejemplares:
Sesionan únicamente los martes, miércoles y jueves, entre 9:00 a.m. y 12:00 meridiano, aunque en la práctica el horario y días suelen reducirse. Sin incluir reuniones de comisiones.
Inician a trabajar el 9 de enero, ocho días después de que el país se ha puesto en marcha. Tienen libres los siete días de la Semana Santa, más el 1 de mayo, el 19 de julio, el 1 y 10 de agosto, el 8 de diciembre, y 15 días entre el 16 y 31 del mismo mes, sin incluir el mínimo de tres semanas que se toman a mediados de año como receso legislativo, ni los impasses, que ocurren casi semanalmente.
Los “patriarcas” tienen 60 días de vacaciones, el doble de lo establecido en el Código Laboral.
“UNA CUESTIÓN CULTURAL”
Al sociólogo Iván Alí Escobar, los resultados del estudio publicado por el Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censo (INEC), no le sorprenden.
Según Escobar, al nicaragüense, por tradición, le atrae la recreación.
“Al nicaragüense le gusta la recreación desde el tiempo de los indígenas. Los cronistas de Indias relatan tres tipos de ceremonia: una dedicada a los dioses, otra a la productividad y una más a la recreación”, sostiene.
El sociólogo aduce que las festividades podían durar hasta tres días. “Habían ceremonias, cantos, danzas y hasta borracheras producto de la chicha de maíz, el alimento básico de los indígenas”.
Por eso, Escobar considera que en Nicaragua, a la gente le gusta el ocio, más allá del tipo de diversión al que pueda aspirar. “Puede ser por herencia, pero le gusta, e increíblemente, en medio de la crisis económica, la gente sale a divertirse, y creo que esa es una de las características que tenemos los nicaragüenses y por la que aún todavía no nos afligimos en medio de la crisis económica y social, y los desastres naturales, la recreación es como algo innato para los nicaragüenses”, sostiene.
Por eso, el experto asegura que ante los extranjeros, los nicas inmediatamente son reconocidos como personas dadas a la recreación, debido a las acciones y características comunes entre los nacionales.
La Academia Nicaragüense de la Danza podría ser un ejemplo de ésto.
Su director asegura que diariamente se mueven alrededor de 400 personas en sus aulas, “gente que sale en carrera de sus trabajos y se viene aquí”, para recibir clases de folclor, danza moderna, gimnasia, aeróbicos, ritmos latinos, entre otros, en horarios de 3:00 p.m. a 9:00 p.m., con horas pico entre las 6:00 p.m. y 8:00 p.m.
Lo anterior no incluye a los visitantes que no practican esas actividades, ni a los alumnos de fin de semana, que por día podrían alcanzar las 500 personas, según Escobar.
Además, el sitio periódicamente se convierte en escenario de festivales culturales o fiestas populares, que pueden atraer a mil personas. Y se trata sólo de uno de muchos lugares de recreación, lo que a juicio del sociólogo, es común entre los nicaragüenses.
SÚPER TRABAJADORAS
El estudio concluyó que las esposas de los hogares modernos registran la jornada más extensa de trabajo, con 16 horas diarias. Esto se debe a que, además de dedicar 8.2 horas por día al trabajo productivo, no dejan de invertir sus cinco horas para el trabajo reproductivo. Se levantan temprano para dejar lista la casa y los hijos, pero a la vez llegan a hacer la cena y terminan de atender al marido y vástagos.