Larreynaga

Pedro Rafael Gutiérrez Doña Si hay un personaje del que todos los nicaragüenses debemos sentirnos orgullosos, ese es Miguel Larreynaga. Leonés de nacimiento y huérfano de padre y madre, Larreynaga logra por sus méritos y experiencia ser la persona que estampa su firma en el año de 1821 en el documento conocido como Acta de […]

Pedro Rafael Gutiérrez Doña

Si hay un personaje del que todos los nicaragüenses debemos sentirnos orgullosos, ese es Miguel Larreynaga.

Leonés de nacimiento y huérfano de padre y madre, Larreynaga logra por sus méritos y experiencia ser la persona que estampa su firma en el año de 1821 en el documento conocido como Acta de la Independencia, el que declara a Nicaragua como nación libre y soberana. No logra entender en ese entonces, un grupito encabezado por Gabino Gaínza. la trascendencia del hecho y se oponen —como lo hacen hoy en día— a que el país tome su rumbo político, coqueteando con los colonos para mantener el yugo colonial sobre la Patria.

Pero más allá de la firma de este documento y de la oposición de los que siempre han querido ver al país como un parásito de los poderosos, Larreynaga nos dejó el espíritu de la ley, la independencia del alma y de las ideas, herramientas que fueron transmitidas de generación en generación al ser nicaragüense.

La juventud nicaragüense tiene ídolos a quien admirar y no exactamente a aquéllos que tras la pantalla de la televisión incitan al alcoholismo y consumo de drogas, llevándolos por el camino ancho de la sin razón. El pueblo de Nicaragua tiene ídolos a quien imitar, como Miguel Larreynaga, ejemplo para los políticos de turno, quienes han puesto la mira en falsos dioses de la actualidad y han dejado en el olvido a los verdaderos fundamentos político-filosóficos que hicieron de este país una patria grande.

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