Pasado y presente de la libertad

Pablo Antonio Cuadra*

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Pasado y presente de la libertad


Pablo Antonio Cuadra*




Durante todo el período virreinal, la Fiesta de la Santísima Trinidad tenía para los nicaragüenses la solemnidad y el sentido de Fiesta Patria que hoy tiene para nosotros el 15 de septiembre. Con la misma liturgia cívica de los desfiles, con aires marciales y festejos del pueblo, paseaba por las calles de la ciudad el estandarte real.

En el libro de actas del Cabildo de León —Capital entonces de la provincia— (folio 26), se habla, respecto a esta fecha de la tradicional promulgación de un bando para que todos los vecinos, republicanos y demás personas decentes asistan al paseo público en la festividad de la Santísima Trinidad que celebra esta ciudad en conmemoración de haberse fijado el Real Estandarte cuando se conquistó esta tierra para mayor gloria de Dios. Según otros documentos de la Iglesia era también el día en que se dijo la primera misa sobre el suelo nicaragüense.

En la conmemoración flotaba —con otros colores— una idea de lenguaje renacentista de aquellos siglos, seguramente pensaban que la dignidad humana y las posibilidades de una vida civilizada para los nicaragüenses arrancaban realmente de esa fecha.

Hay un total viraje desde esos republicanos de comienzos del siglo XVIII que desfilaban orgullosos con el estandarte real a los también republicanos pero ya con otro contenido del siglo XIX.

Nuestros románticos libertadores de 1821 para quienes la libertad era una panacea, o el concepto de libertad de los próceres comerciantes (los verdaderos autores de la Independencia) que casi reducían la idea de libertad a la libertad de comercio, ¡qué lejos se encuentran de los hombres de la Guerra Nacional, cuyo concepto de libertad ha entrado a debatirse en una trágica encrucijada entre ser o no ser! Son pocos años los que separan a las dos generaciones, pero todo el lenguaje político de la libertad ha variado al enfrentarse con una realidad brutal, con la prueba de fuego donde no quedaban más que los extremos elementales en tensión: o libertad o muerte.

Pero si saltamos a nuestro tiempo, volvemos otra vez a encontrar un enfrentamiento, ahora absolutamente nuevo, de los sentidos de la libertad. Es la repercusión sobre nosotros de la gran polémica mundial; la idea totalitaria de la libertad: sólo cuando el Estado es libre, el hombre es también libre, y la idea de libertad del individualismo: sólo cuando el hombre es libre, el Estado también lo es.

Hemos llegado a un capítulo de la historia en que ya no queda otra posibilidad de ser libre, que volviendo a tomar el hilo de esos Evangelios que comenzaron a ser conocidos en Nicaragua el día de la Santísima Trinidad. Sólo queda ese Evangelio cuya esencia es el amor al prójimo. Su gran novedad permanente, su buena nueva, que es el mandato de hacernos prójimos de los demás es el único baluarte de la libertad humana y de la vida misma del hombre.

* Poeta y escritor (q.e.p.d.)

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