Vochito en extinción

José Adán [email protected] Está perdiendo la pelea el viejo vochito. Ya le ganan en número y preferencia los arrogantes Ford americanos, los elegantes Chevroleth y aún los compatriotas Nissan de desabrido aspecto. El Volskwagen, en su modelo más popular conocido como “escarabajo” o vocho a lo mejicano, dejó de fabricarse en julio del 2003, tras […]

José Adán [email protected]

Está perdiendo la pelea el viejo vochito. Ya le ganan en número y preferencia los arrogantes Ford americanos, los elegantes Chevroleth y aún los compatriotas Nissan de desabrido aspecto.

El Volskwagen, en su modelo más popular conocido como “escarabajo” o vocho a lo mejicano, dejó de fabricarse en julio del 2003, tras setenta años de vida en México, donde su fabricación permitió la creación de miles de puestos de trabajo. Era usado, entre otras cosas, y principalmente, como taxi y transporte de la clase media baja.

En las calles bien cuidadas y señalizadas de Monterrey, la ciudad más industrializada de México, al norte del otrora imperio azteca, los vochos ya no son populares y están en vías de extinción, a pesar de que todavía rueda una manada numerosa en colores verde y blanco, tonos especiales destinados para clasificarlos como “muleteros”.

“Manuel, para lo que usted mande señor”, me dice el conductor de un vocho que tomé en las afueras del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. Es de Sinaloa, pero llegó ahí por esas cosas del destino. Por allá en su juventud, tuvo su primer escarabajo y desde entonces se prendó de ellos. Con ellos aprendió el oficio del volante que por más de 15 años le dio de comer.

Pero un día todo cambió. Las grandes empresas de turismo y sindicatos matreros organizaron a los taxistas en gremios y sociedades: los exterminaron del servicio individual.

Así que Manuel dejó su Sinaloa en busca de mejor vida y paró en Monterrey, tras una gira por varios estados del país tricolor.

Ahí encontró trabajo como taxista en Ecotaxi, una empresa de taxis vochos que les renta el escarabajo por día, a un precio de 300 pesos diarios (casi 30 dólares). Con el vochito, al que le llama “cuate”, busca la vida desde la mañana y ya resiente la escasez de clientes. “Antes me montaba hasta 30 al día, ahora ‘nel’, la gente se siente mejor en los carrazos”, dice. Se refiere al nuevo servicio de taxis de lujo que operan en las afueras de los principales centros comerciales, aeropuertos, centros turísticos y otros de importancia, donde no hay permiso para que los vochos compitan.

“La neta, que nos están matando al pellizco los cabrones”, dice Manuel, desde su asiento solitario, ya que el escarabajo, en su servicio de taxi, elimina el asiento delantero derecho y únicamente deja el doble asiento trasero donde a lo sumo caben tres personas.

Los nuevos servicios de taxi ofrecen seguros de vida, vehículos de lujo al gusto del cliente, bien pueden ser vehículos de cuatro puertas o una Van para doce pasajeros con enormes puertas corredizas y algunos hasta con DVD.

Por eso Manuel presiente que dentro de muy poco el vocho quedará como recuerdo de la magia de un carrito que enamoró a generaciones, y que tendrá que ganarse la vida a bordo de uno de esos monstruos lujosos a los que por ningún motivo llamaría cuate.

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