Miguel González yYuri Zapata
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Costa Caribe y construcción de una nación inter y multi-cultural
Miguel González y
Yuri Zapata
“Las regiones en donde habitan las comunidades de la Costa Atlántica gozan, dentro de la unidad del Estado Nicaragüense, de un Régimen de Autonomía que les garantiza el ejercicio efectivo de sus derechos históricos y demás, consignados en la Constitución Política” (Estatuto de Autonomía, 1987, artículo 4)
Con el interés de reflexionar sobre los aportes del proceso de autonomía costeño a la construcción de una nación intercultural se está celebrando en Managua el IV Simposio Internacional de Autonomía de las regiones autónomas. El evento es para hacer un balance del desarrollo de la autonomía y hacer visibles las prácticas positivas que realiza la sociedad costeña para avanzar en la construcción de una sociedad caribeña más democrática e inclusiva. Los encuentros de este carácter, realizados en 1986, 1992 y 1997 han sido momentos importantes en donde los pueblos indígenas y comunidades étnicas han dialogado sobre el quehacer social, político y económico costeño y acerca de los desafíos que ha implicado construir una autonomía regional multiétnica, convertida en ley de la República mediante la aprobación del Estatuto de Autonomía en 1987.
Este evento tiene singular importancia para el país, pues en medio de nuestras crisis políticas recurrentes la Costa trae un mensaje positivo a la sociedad nicaragüense, que a pesar de sus diferencias internas y del desprecio y la marginación histórica con que el Estado y las élites políticas del país han tratado a las regiones autónomas, la sociedad costeña es capaz de crear lazos de unidad, confianza y diálogo político.
No obstante, Nicaragua sigue tratando a la Costa como su tierra de conquista y bajo una relación de subordinación. Hoy día la marginación de las regiones costeñas es aún más grave: representando casi el 50 por ciento del territorio nacional y el 12 por ciento de la población total del país, la Costa sólo tiene escasos 85 kilómetros de carretera pavimentada. La pobreza afecta a más del 60 por ciento de la población, mientras que las oportunidades de trabajo disponibles para los costeños se ven cada día más limitadas. No es casual que la mayoría de las peticiones que en la semana pasada motivaron una protesta social de la RAAN, eran sobre infraestructura. El Estado apenas invierte en la Costa el nueve por ciento de toda la inversión pública del país. No se puede entender por qué un Estado, a más de cien años de su fundación, no ha sido capaz de construir una carretera que una al país, a no ser porque se interesa más por integrar a los costeños como enclave económico y gente de segunda, y no como ciudadanos y ciudadanas con derechos. No existe un trato de equidad y justicia con la Costa, cuando su aporte al país en producción pesquera, agropecuaria, forestal y de recursos mineros es altamente significativa, representando entre el 25 por ciento (aporte agropecuario y minero) y aproximadamente el 90 por ciento (en el caso de la pesca y la producción forestal).
Los simposios de Autonomía siempre han traído mensajes constructivos a la sociedad nacional y al Estado nicaragüense. Han sido mensajes de paz, de unidad nacional, de reconciliación y respeto a los derechos costeños. La clase política del país poco se ha interesado por escucharlos e interpretarlos en toda su magnitud y significado. Al contrario, muchas veces han aprovechado la oportunidad del encuentro para jalar agua a los molinos politiqueros con intereses de corto plazo. Esta vez la Costa viene a la capital para decir que construye un poder propio, que aspira a que ese poder sea distinto al poder centralista y discriminatorio del Estado, y que ese poder tiene la capacidad de aglutinar a la sociedad costeña en un proyecto compartido de autodeterminación política y social.
¿Tendrá la Costa Caribe como destino el encuentro con Nicaragua? A eso aspira la autonomía y a eso se comprometió el Estado cuando aprobó el Estatuto. Pero la evidencia histórica demuestra que no habrá encuentro si no existe una construcción genuina de confianza para permanecer unidos. Y la confianza sólo se podrá construir cuando los derechos autonómicos costeños (a demarcar y legalizar sus tierras comunales y a beneficiarse de las riquezas que producen sus territorios, entre otros), sean una realidad para la vida costeña. La aspiración de autodeterminación de la Costa tiene un basamento histórico y es parte de una lucha social de la cual la sociedad costeña se siente parte. Y sería un error pensar que esas aspiraciones empezaron con el Estatuto de Autonomía, más bien es un punto de partida para construir un Estado nacional multiétnico e inclusivo.
Nuestra unidad nacional no estará calcada en piedra mientras el Estado nicaragüense irrespete a la autonomía, subvierta la institucionalidad autonómica existente, y desprecie las expresiones políticas y formas de organización tradicional de la Costa. El IV Simposio de Autonomía, una iniciativa de las universidades costeñas BICU y URACCAN, es una nueva oportunidad para que la sociedad nacional y especialmente las élites de este país escuchen e interpreten el mensaje de unidad, democracia y libertad que trae la sociedad costeña sobre la construcción de su autonomía. Es una oportunidad para el diálogo y la conciliación. Sólo de esta forma se podrá abonar al encuentro y la unidad nacional.
Los autores son originarios de la Costa Atlántica.