Medio ambiente y el TLC con Estados Unidos

José Antonio Poveda S. El marco legal del sector agropecuario, en especial el de la actividad forestal, establece las condiciones que repercutirán en las formas de aprovechamiento de los recursos naturales. Los cambios dispuestos forman parte de la preparación de las condiciones para poner en marcha el Tratado de Libre Comercio (TLC). Las posibles consecuencias […]

José Antonio Poveda S.

El marco legal del sector agropecuario, en especial el de la actividad forestal, establece las condiciones que repercutirán en las formas de aprovechamiento de los recursos naturales.

Los cambios dispuestos forman parte de la preparación de las condiciones para poner en marcha el Tratado de Libre Comercio (TLC). Las posibles consecuencias son muy diversas, y estamos a la expectativa en base a las experiencias que han sufrido otros países.

Con la entrada en vigor del TLC entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (DR-Cafta en inglés) se prevé la afluencia de inversiones extranjeras en la actividad forestal primaria e industrial.

Un factor de atracción para los inversionistas es el mercado creciente del sector, en especial en las industrias con necesidad no cubiertas: celulosas y papel, muebles, construcción e incluso resinas y otros derivados químicos. También se debe considerar la posibilidad de inversiones orientadas a la producción para el mercado internacional.

Los controles ecológicos y laborales representarán otros aspectos de interés para los inversionistas foráneos. Este punto parece ser de suma importancia, de suerte que los especialistas del Banco Mundial y la Unctad lo consideran como una de las ventajas para atraer inversiones del exterior. Sin embargo, la exigencia del nuevo gobierno estadounidense de emprender negociaciones paralelas en torno a dichos controles, busca precisamente reducir esas ventajas.

El modelo que promueve la política actual requiere la concentración de recursos bajo el control de grandes empresas agroindustriales. Se supone que parte de la inversión se destinará al aprovechamiento de los mejores bosques, capaces de garantizar una rentabilidad adecuada, mientras que otra se encaminará al establecimiento de plantaciones que permitan la operación de unidades en gran escala.

Al aprovechar sólo ciertas especies, el modelo especializado e intensivo que se impulsa entraña la subutilización del recurso y, a la larga, la erosión de la base genética. Más aún, se ha considerado que ese modelo tiene efectos desfavorables en los rendimientos.

La formación de plantaciones tiene consecuencias diversas sobre la ecología y la población de las regiones correspondientes.

Algunos sectores de opinión han puesto en tela de juicio la política de impulso de las plantaciones homogéneas de ciertas especies de árboles, en particular las de Eucalyptus y Pinus caribae y otras especies que se consideran adecuadas, dependiendo de las áreas investigadas por los organismos competentes, éstos a manera de ejemplo.

Es importante destacar los efectos de las plantaciones en la disponibilidad de agua, ya que causan desecamiento y suelen mermar el rendimiento hídrico de las cuencas. Este aspecto se debe valorar con sumo cuidado en Nicaragua, uno de cuyos problemas más serios es la escasez de los recursos hídricos. También se debe considerar que las plantaciones aumentan la fragilidad del ecosistema, en razón de que una enfermedad o plaga puede dañar y destruir lo cultivado, con las consecuentes secuelas económicas y sociales.

El territorio nacional cuenta con una gran riqueza genética. El nuevo modelo podría afectarla en dos sentidos. Uno consiste en que la biodiversidad disminuirá al establecerse sistemas productivos especializados porque se acentuará, sin duda, a medida que la emigración asociada a la producción especializada desemboque en el abandono de prácticas agroforestales tradicionales.

El otro se refiere a que la riqueza genética dejará de ser colectiva para constituirse en propiedad privada. Al poder ampliar las patentes a las áreas de diseño genético y biotecnología, las empresas transnacionales se pueden apropiar del conocimiento de plantas y semillas medicinales que durante siglos representó un acervo social

La tendencia hacia la concentración de las inversiones, la infraestructura y la tecnología en las zonas de mayores recursos forestales acentúan las disparidades con las regiones menos dotadas. Estas últimas pueden recibir, en el mejor de los casos, los paliativos de la política social, pero se encuentran en riesgo de sufrir una mayor marginación económica.

La formación de plantaciones forestales tiene también varias implicaciones sociales, como es el caso de los desplazamientos masivos de población ante las pérdidas no compensadas de empleos agropecuarios y las presiones para la emigración de los campesinos. Algunos de éstos se asientan en la periferia de las plantaciones, donde practican una agricultura de subsistencia en condiciones más difíciles.

Es claro que los objetivos estratégicos de la política sectorial deben incluir los aspectos demográficos y migratorios. En suma, el impulso del nuevo modelo productivo en la actividad forestal parece alejar más la posibilidad de emprender un desarrollo con mayor equidad socioeconómica y ecológicamente sostenible.

El autor es Vicedecano. Facultad de Derecho. UNAN-León Catedrático Derecho Internacional.

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