No todo está perdido en Nicaragua

Margarita R. de Dorn*

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No todo está perdido en Nicaragua


Margarita R. de Dorn*




En el continuo impasse que día a día sumerge a Nicaragua, ocasionado por los principales actores políticos de la sociedad, los ciudadanos simples y comunes nos vemos afectados por la decepción y la tristeza, sentimos que todo está perdido y que estamos presos por los que pregonan querer a su país y a su pueblo, pero sus obras dicen lo contrario y pervierten cada vez más el sistema.

La población demanda espacios para líderes y servidores modernos, honestos emprendedores, dinámicos, capaces; no desea más personas falaces, populistas, que creen tener siempre la razón y la solución de los problemas nacionales, y que avasallan el Estado de Derecho que tanto ansiamos tener, y muchas veces hasta la dignidad de los ciudadanos. Esas personas, cuando tuvieron en sus manos la oportunidad de demostrar con su ejemplo y trabajo que verdaderamente querían a Nicaragua, y pudieron forjar un proyecto común para todos, no lo lograron por haberse convertido en egocéntricos, por esperar que les sirvieran, no servir, y por creerse dueños del país.

Todos somos nicaragüenses, independientemente del lugar donde nos encontremos ubicados. La diferencia está en la responsabilidad que tiene el que ostenta el poder. La grandeza de un líder está en la profundidad de sus convicciones y en tener amplia visión del alcance de su amor para todos, no sólo para un grupo.

Es un buen momento para reflexionar cómo hemos venido haciendo el camino al andar, acerca de qué tanto queremos a Nicaragua, pues es evidente, después de tantos años de esfuerzos, que los problemas solamente nosotros con un cambio de actitud los podremos solucionar. Debemos preguntarnos a conciencia si como ciudadanos estamos cumpliendo nuestra misión de colaborar, si como empresarios somos honestos y realizamos una función social, si como políticos somos constructivos y no destructivos, si como representantes del pueblo estamos verdaderamente conscientes de la responsabilidad que tenemos de trabajar en favor de todos los ciudadanos. La responsabilidad de un país no solamente descansa en los poderes del Estado, sino en los políticos, los empresarios, los trabajadores, los estudiantes, los del campo, los medios de comunicación y en todos los ciudadanos.

Es hora de demostrar que somos capaces e inteligentes para hacer que Nicaragua florezca, y no ignorantes e inútiles a como muchos ojos nos pueden estar apreciando, por no tener la voluntad de solucionar entre nosotros mismos nuestras diferencias políticas, culturales e institucionales. Para lograr este fin es justificable usar los medios que nos da el Estado de Derecho, pero con humildad, honestidad, voluntad y conciencia.

Cuánto dinero y tiempo se ha invertido en estudios realizados por diferentes organizaciones nacionales y extranjeras buscando el alivio a la pobreza, con tan pocos resultados, cuando realmente la solución está en nuestras manos, cambiando de manera de actuar, trabajando y dejando trabajar. Creo que no todo está perdido si los actores involucrados verdaderamente tienen conciencia, ya que son los primeros que deben dar el ejemplo con su actitud, trabajo, capacidad, honestidad, humildad y amor. Tomemos responsabilidad del país que tenemos, de lo que verdaderamente somos, ya que ni la comunidad de donantes es eterna ni nosotros mismos aguantamos más carga fiscal para estar pagando tantos caprichos.

Hagamos un Estado pequeño, moderno y ágil. Empecemos deponiendo posiciones, proponiendo soluciones viables y transparentes en beneficio de todos, es decir, haciendo verdaderas políticas de Estado que encaminen hacia el mismo fin que todos queremos, juntando coincidencias y no resaltando las diferencias. Debemos actuar pensando que Nicaragua es una sola familia sin exclusiones.

Recientemente un empresario extranjero que se encontraba de visita en el país, me expresaba que en las reuniones sociales que asistió las personas platicaban haciendo énfasis en asuntos negativos, en vez de intercambiar soluciones con una visión positiva y creativa.

La vida es como el eco, si expresas ideas negativas, te devuelve lo mismo. En cambio si tu expresión es positiva, te devolverá cosas agradables.

Ojalá y nos esforcemos para lograr buenos frutos, forjando el Estado y el país que queremos y soñamos. Llenémonos de fe y amor e invoquemos al Espíritu Santo por nuestra verdadera conversión.

Si ese cambio de actitud se logra dar, podremos superarnos, y entonces realizaremos que no todo está perdido.

* La autora es Licenciada en Diplomacia y Relaciones Internacionales.

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