No es tan difícil liberarse de los caudillos

Franklin Gavarrete Cuadra*

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No es tan difícil liberarse de los caudillos


Franklin Gavarrete Cuadra*




Aunque pareciera que los caudillos del FSLN y el PLC se van a encaramar sobre el pueblo nicaragüense para siempre, dentro de dos meses habrá la posibilidad de voltearles la tortilla, con el voto. Un rechazo electoral total en las elecciones municipales quitaría fuerza a los caudillos y sus seguidores, pondría en capilla a todos los infractores y abusadores de la confianza que el pueblo depositó en ellos, daría fe en la fuerza electoral independiente y nos prepararía con entusiasmo para las elecciones presidenciales y de diputados. Y en dos años les daríamos el tiro de gracia a los caudillos votando a favor de candidatos libres de su influencia

El voto es tan poderoso que aún si la gente se lanzara a la calle para expresar su descontento, como se hizo recientemente en New York y Costa Rica, a la larga se tendría que recurrir a la votación para hacer realidad las aspiraciones de cambio. Si en 1990, con el voto se pudo cambiar la dictadura sandinista, ahora en noviembre se podría terminar con sus remanentes e impedir la continuación de la deshonestidad y las coimas.

De modo que por medio del voto, en dos años y medio se tendría una Asamblea Nacional que mayoritariamente representaría los intereses del pueblo y se podrían modificar todas las leyes y acuerdos del pacto libero-sandinista, que politizaron y corrompieron las instituciones. Poco tiempo después se le cumplirían sus plazos al remanente de funcionarios politizados, que sería sustituidos por personas íntegras que nunca dejarían que los poderes del Estado sirvieran para apañar las “mañosadas” de los caudillos.

Visto así, el asunto pareciera simple y sencillo. Y probablemente lo sería si estuviéramos en una sociedad donde los poderes del Estado fueran totalmente independientes y existiera mayor pundonor por la moral de los políticos. En otros lares no andaría libre en la calle un director de Ingresos como el tuvimos aquí. Por una mentirilla en un acto pasional (nada comparado con lo aquí pasó), el presidente más poderoso de la tierra se vio en temblores.

Pero los caudillos no se van a cruzar de brazos. Por un lado, unos volverán a su cantinela populista, a pedir perdón y sobre todo, olvido, como si los nicaragüenses fuéramos “santo cachón”. Los otros, volverán con el “uyuyuy” de que sólo el PLC organizado puede evitar que el sandinismo nos regrese a la “noche oscura”. Pero si toda la mayoría silenciosa votara, lo más que puede sacar uno es un 30 por ciento y el otro un 20 por ciento, mientras nosotros los apabullamos con el 50 por ciento.

Entonces, es indispensable que la Alianza concientice a todos los nicaragüenses, en el campo y las ciudades, a letrados y analfabetas, municipios, alcaldías, sindicatos, zonas francas, mercados, periódicos, radios, televisión, escuelas, ejército, iglesias, en fin en todas partes, de que podemos liberarnos de los caudillos por medio del voto en noviembre y rematarlos en las próximas elecciones presidenciales. No es nada complicado, ni riesgoso. Vale la pena intentarlo, aunque nos tome un poco de tiempo.

* El autor es ingeniero civil.

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