La biotecnología existe, aunque no esté en las páginas amarillas

Iván Marín*

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La biotecnología existe, aunque no esté en las páginas amarillas


Iván Marín*




Al finalizar el cuatrimestre académico, entre los estudiantes de la asignatura de Mejoramiento Vegetal se generó un debate en torno al uso de los organismos genéticamente modificados, conocidos popularmente como transgénicos (del otro). Varios estudiantes argumentaban que la biotecnología está en manos de las transnacionales agroindustriales, repitiéndose el esquema de la dependencia tecnológica por parte de los países con escasos recursos.

Sorpresivamente saltó al escenario una joven que hasta el momento había permanecido refugiada en el anonimato, quien razonó que en Nicaragua también hay otros tipos de dependencias tecnológicas, como los celulares, computadoras y vehículos, todos importados y que en ninguno de ellos se leía “made in Nicaragua”. Esto ocasionó un chispazo de reflexión en sus compañeros. Me recordó que, en cierta ocasión, en un conteo rápido en nuestro campus universitario logré determinar que entre los estudiantes había un teléfono celular cada 12 pasos.

La historia de Hércules, a quien le concedieron doce trabajos para purificar su razón, nos recuerda que la biotecnología agrícola no atiende exclusivamente el desarrollo de transgénicos. Asimismo se contemplan otras aplicaciones de alta perspectiva aplicables en países como Nicaragua. La marea de la fitobiotecnología impone otros aprovechamientos: nuevas técnicas de cultivo más eficientes en el uso del agua y de insumos externos, desarrollo de plantas capaces de crecer en suelos ácidos o contaminado con metales pesados, plantas tolerantes a sequías o calor, plantas con mejores nutrientes, propagación masivas de plantas libre de patógenos para restaurar ecosistemas degradados, conservación y caracterización de las variedades de cultivos nacionales, inventario y taxonomía de la biodiversidad, etc.

En Nicaragua, país fundamentalmente agrario y dependiente de la “amplia agrobiodiversidad” de tres cultivos: maíz, arroz y frijol, ¿qué ventajas podríamos obtener de la información generada en la secuenciación cromosómica de estos cultivos que tantos recursos han demandado?

Tan sólo el proyecto del maíz hasta la fecha ha consumido cerca de 50 millones de dólares aportados por diferentes laboratorios del mundo. Valdría la pena, a la par de los programas convencionales de mejoramiento vegetal, incorporar las herramientas que ofrece la biotecnología en la selección de las variedades de cultivos portadores de las mejores versiones de genes. No hay duda, considerablemente mejoraríamos el nivel de proteínas, vitaminas y minerales en los granos y semillas en manos de los agricultores. Recordemos que en nuestro país, de cada tres niños menores de cinco años, dos presentan deficiencia de vitamina A y hierro al igual que las mujeres embarazadas.

Pero, ¿por qué preocuparnos cuando el aleteo de una mariposa en la selva amazónica genera un huracán en el Caribe? Hoy, mundialmente la insulina es producida por ADN recombinante, aplicación biotecnológica que consiste en incorporar el gen humano de la insulina en una bacteria para producir la hormona a escala industrial. La biotecnología ya está en nuestras farmacias. En una selección aleatoria de diez farmacias publicitadas en las páginas amarillas de la guía telefónica, en nueve de ellas está disponible a la venta la insulina recombinante (Novolin, Humulin y Lantus). Un buen ejemplo que nos permite contestar la pregunta ¿Para qué queremos que se desarrolle la ciencia y la tecnología en nuestro país?

Y si aún tiene dudas, consulte con una persona diabética sobre la disponibilidad de esta tecnología.

* El autor es bioquímico en la UCA

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