Benjamín Pérez Fonseca*
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Un reclamo justo y necesario
Benjamín Pérez Fonseca*
¿Cómo es posible que los Derechos Humanos no sean prioritarios en Nicaragua? Hombres, mujeres, niñas, niños, adolescentes, personas de todas las etnias, personas con capacidades diferentes, y en fin, seres humanos de Nicaragua; escribo estas líneas en nombre de todas y de todos, por el inmenso honor de haber sido su primer Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos, distinción que de hecho todavía ostento por la sencilla y contundente razón, de que mi sustituto todavía no ha sido nombrado, por causa de todos conocida.
Las presentes líneas de entrada constituyen un fuerte reclamo en nombre de todos los habitantes de Nicaragua, aunque en ley las escribe un ciudadano común y corriente como lo soy ahora. Pero estoy calificado para emplazar y reclamar a las y los diputados, y protestar por la afirmación de que para ellos la elección del procurador y subprocurador para la Defensa de los Derechos Humanos no es tema prioritario.
Para justificar su actitud, los parlamentarios aducen que lo importante en estos meses es ocuparse de las elecciones municipales. Estoy de acuerdo, pero en mi modesto entender esto le corresponde al Consejo Supremo Electoral, no a la Asamblea Nacional. ¿O es que ya se puso de moda que un poder del Estado se inmiscuya en las actividades de los otros poderes estatales?
Soy realista y objetivo, y ante la situación que en estos tiempos pasa Nicaragua, venir a reclamar por la defensa de los derechos humanos es una perfecta “quijotada”. Pero también es cierto que alguien que fue Ombudsman no puede y no debe incurrir en la cobardía y negatividad de ser indiferente, inocuo, pasivo, mudo espectador, y ser hasta cómplice con el silencio. Las quejas son muchas, las propuestas menos y las acciones no se ven. Entonces, ¿qué hacer?
En mi caso lo menos que puedo hacer es escribir estas líneas de denuncia y protesta. Para dar énfasis a mi justificado enojo, puedo historiar un poco. Cuando era niño de primaria siempre me imaginé cómo y porqué Nicaragua perdió el territorio de Guanacaste, que para vergüenza nacional más que arrebatado por los ticos fue entregado por la indolencia nica.
En los años mil ochocientos había como ahora jefe de Estado y parlamentarios. Pero a pesar de ellos ya sabemos lo que ocurrió porque los nicas se mataban entre sí. Ahora hay otras amenazas, como el terrorismo, el narcotráfico y el horroroso incremento en los precios del petróleo. Hoy como ayer nos matamos políticamente entre nosotros mismos.
Todos sabemos la gran amenaza que nos asedia en relación al problema energético, pero son más importantes las batallas interinstitucionales que elaborar programas de previsión y alternativas para solucionar el ya macro problema del precio mundial del petróleo.
En Nicaragua, para vergüenza de los nicaragüenses, todas las personas que integran la cúpula gobernante reciben sutiles sugerencias y/o amables recomendaciones de los gobiernos y organismos donantes, sobre qué se debe hacer. Y el punto esencial es que las amables recomendaciones se tienen que cumplir y las cumplimos. (Acabo de descubrir el agua tibia, ¿verdad?)
Debido a lo antes dicho es que en Nicaragua había o se tenía que elegir al procurador y subprocurador de los Derechos Humanos, y por eso nuestro país fue el último en Centroamérica en elegirlos y crear la institución correspondiente. De tal forma que al fin, ¡hosanna!, hubo Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos en Nicaragua.
Al nacer esta institución fuimos recibidos con sátiras, ironías, en fin, con metralla profusa de todos los calibres. Alguien en el desaparecido diario La Tribuna, en el año 1999, editorializó preguntando que quién era Benjamín Pérez, que si lo conocerían en la cuadra de su casa. Le contesté que en la manzana de mi casa no me conocían todos, pero en la cuadra sí que era bien conocido.
De esta forma nacimos, luchando aún entre nosotros mismos por mi respeto a las opiniones de todos, como le consta a todos los miembros de la institución que conoció y conoce a los rebeldes. La PDDH logró tener presencia y ser reconocida como institución apartidaria en la que siempre estuvo y está bien puesta la única bandera a la que servimos y respetamos: la azul y blanco.
Bien sabemos que todo comienzo tiene su final, con mayor razón en un quinquenio. Por ello, desde finales de febrero de este año empecé a decir, notificar y por último a reclamar a la Junta Directiva de la honorable Asamblea Nacional, que iniciaran los trámites necesarios para escoger a las personas que sucederían a Benjamín Pérez y Julián Corrales. Pero con dolor, tristeza y enojo desde los inicios de mis gestiones encontré apatía e indiferencia.
Ya alarmado les decía a los directivos de la Procuraduría de Derechos Humanos que se armaría un caos si nuestro período se vencía sin escoger a los sucesores. De manera que ha ocurrido lo que yo había anunciado. Ahora, al ver que la indiferencia llegó al colmo de hablar de que la escogencia de los procuradores se hará hasta el 2005, estimo que en Nicaragua ya no tengo a quién reclamarle, y por consiguiente me dirigiré al Consejo Centroamericano de Procuradores y/o Defensores del Pueblo, y después, con la innegable ayuda que estoy seguro me dará ese organismo, llevaré mi reclamo y protesta a la FIO, que aglutina a todos los procuradores y defensores del pueblo de España, Portugal y países latinoamericanos, para que ellos gestionen y pidan con su autoridad lo que mi solitaria voz no puede lograr por sí sola.
Si se me pregunta qué autoridad tengo para hacer lo que antes digo, sólo contestaré diciendo que tales gestiones no me son prohibidas, y prefiero ser “tapudo” y no un silencioso cobarde. Además, los artículos 30, 46 y 50 de la Constitución me dan suficiente base legal para mi actuación, para lo cual pido públicamente el apoyo y la ayuda de los organismos de Derechos Humanos no gubernamentales que hay en Nicaragua.
Todo los antes expresado no agota el tema, por lo cual anuncio que seguiré hablando para ampliar conceptos y dar más información en esto que llamo volver por los fueros de la PD, siempre que cuente con la benevolencia y apoyo de los medios de comunicación social.
Para terminar quiero decirle a mis compañeros y compañeras de la PDDH que los admiro y aplaudo, así como también agradezco su lucha frontal en defensa de la institución. Ellos y yo sabemos que todas sus labores concluyen al momento de llegar a la resolución, que sólo puede dictar, autorizar y firmar el procurador, y el subprocurador en ausencia del primero. Por lo consiguiente la mejor investigación no sirve sin resolución, y no podemos olvidar la firma de convenios y contratos que sólo el procurador puede autorizar. No tengo interés material alguno en esto y quien piense lo contrario que traduzca lo siguiente: veritas odium parit.
Digo hasta pronto ya que lo dicho no agota el tema. Dios guarde a todas y todos.
* El autor fue Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos