Eduardo Enríquez
En Nicaragua las cosas se empiezan a decir y repetir hasta que al final terminamos creyéndolas. Un caso palpable es el del Ejército “profesional”.
Incluso el Presidente de la República, Enrique Bolaños, en su discurso de celebración puso a la institución castrense como ejemplo a seguir por los poderes del Estado infectados por la partidización.
Según el mandatario, el Ejército se ha consolidado al servicio de la Patria “a diferencia de otras (instituciones) que tristemente siguen prisioneras de intereses mezquinos…”
Bolaños obviamente habla de los poderes Legislativo, Judicial y Electoral y, tal vez sin percatarse, reconoce una realidad, que los militares son un poder, y en el fondo el más fuerte de todos.
Por eso es comprensible que quiera coquetear con ellos, sobre todo porque está “solo” frente a los caudillos y sus secuaces. Lo que no se puede dejar pasar es que los militares se nos vendan como una institución “profesional” y que nosotros tengamos que comprar ese argumento. Desgraciadamente los hechos no lo soportan.
El poder militar ha dejado impunes crímenes como el del joven Jean Paul Genie, allá por los comienzos de la “profesionalización” de la institución. O el caso de “La Marañosa” en enero de 1995, cuando remanentes de la Resistencia Nicaragüense que habían entregado sus armas fueron acribillados en un incidente que permanece en el misterio.
Pero su poder político y sus intereses económicos han sido aún más evidentes en los últimos años. Para nadie es un secreto que el general Javier Carrión “tuvo una conversación” con el entonces presidente Arnoldo Alemán cuando éste pretendía intervenir un banco en el que los militares tienen intereses.
Ahora sale a luz pública la “imposición” que según el general en retiro Joaquín Cuadra le hicieron también a Alemán cuando lo obligaron, según sus propias palabras, a nombrar a Carrión como jefe del Ejército.
El Código Militar dice en su artículo seis que entre las facultades del Presidente como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas está “nombrar al Comandante en Jefe del Ejército a propuesta del Consejo Militar. La propuesta del Consejo Militar podrá ser desaprobada por el Presidente de la República, quien podrá solicitar otra propuesta”.
Entonces, podemos deducir por las declaraciones del general en retiro, que ya para los militares es costumbre obviar ese aspecto de su Código Militar. Y pretenden volver a hacerlo, pues ya el general Carrión “anunció” a su sustituto, el general Omar Hallesleven. Entonces, ¡qué propuesta ni que ocho cuartos, eso ya está decidido!
Cuando les conviene, ellos actúan en “apego a la Constitución y las leyes”. Como ha sido el caso de los últimos días de crisis con los fallos judiciales de Parmalat y la orden de prisión contra el candidato del Apre, Alejandro Fiallos. Asimismo, a pesar de que su Jefe Supremo le ordenó que no divulgara lo acontecido en la reunión del Gabinete de Seguridad, el general Carrión salió diciendo que “no iban a permitir que se quebrantara el orden constitucional”.
Y para colmo, después de dar las declaraciones, dice que “no va a dar más detalles” porque el Presidente les había pedido que no hablaran con los medios sobre el tema ¡Pero si ya lo había dicho todo!
Si la Constitución le ordena en su artículo 93 no ser deliberante, y en el 95 le ordena someterse a la autoridad civil representada por el Presidente o el ministro de Defensa, entonces lo que le tocaba al General era callarse la boca.
Nadie quiere un golpe, pero tampoco se quiere un Ejército que decide cuándo acata las leyes y cuándo no.