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No hay terrorismo bueno
La señora Mireya Moscoso entregó esta semana la Presidencia de la República de Panamá a su sucesor, el presidente Martín Torrijos, pasando ella a la historia como la peor de los tres gobernantes que ha tenido ese país desde que se estableció la democracia, en 1990. Tal ha sido el veredicto de la misma población panameña, mediante encuestas de mucha credibilidad en las que la señora Moscoso resultó con mayor índice de desaprobación que los ex presidentes Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares.
Lastimosamente, la señora Moscoso ha sido la excepción de la regla generalmente reconocida, de que las mujeres son mejores gobernantes que los hombres. Inclusive se asegura que las mujeres en el poder son hasta 70 por ciento menos corruptas que los varones. Sin embargo, también en este campo, el de la corrupción, la ex presidenta Moscoso nadó contra la corriente. La verdad es que durante su gobierno la ex presidenta Moscoso practicó diversos actos de corrupción y hasta el último momento abusó del poder que le confiaron los ciudadanos panameños; por ejemplo, indultar contra toda razón de justicia y humanidad a los terroristas cubanos anticomunistas Luis Posada Carriles, Pedro Remón, Gaspar Jiménez y Guillermo Novoa; y haberlo hecho en el período de transición que va de la elección a la toma de posesión del nuevo presidente, cuando ningún gobernante responsable y decente toma decisiones de importancia y mucho menos si pudieran comprometer al país y al presidente entrante.
Pero la ex presidenta Mireya Moscoso hizo lo mismo que el ex presidente sandinista de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra, quien después de perder las elecciones del 25 de febrero de 1990 y antes de entregar el gobierno, el 25 de abril del mismo año, dictó numerosas disposiciones legales arbitrarias y abusivas, inclusive la nacionalización de terroristas extranjeros para protegerlos de la justicia de sus países de donde huyeron.
A pesar de eso, el señor Ortega y su partido se han rasgado las vestiduras al condenar con indignación el abuso de poder que cometió la ex presidenta Mireya Moscoso en Panamá, con el indulto a los terroristas cubanos anticastristas que son acusados, entre otros graves delitos, de volar en el aire una aeronave de aviación comercial, el 6 de octubre de 1976, matando a sus 73 pasajeros y tripulantes; así como de organizar un atentado para matar a Fidel Castro en Panamá, el 21 de noviembre del año 2000, cuando el tirano comunista de Cuba asistió a la capital panameña para participar en una cumbre iberoamericana en la que por cierto se negó a condenar las acciones terroristas de la organización terrorista vasca, ETA.
Sin duda que es una gran hipocresía, por decirlo de alguna manera, condenar el terrorismo de derecha pero avalar el terrorismo de izquierda. O a la inversa. Tan criminal y condenable es el terrorismo contra la población de Nueva York, Tel Aviv o Bagdad, como el que se ejecuta en el tren subterráneo de Moscú o contra los niños escolares en la Osetia rusa, o el que hace estallar en pedazos un avión cubano cargado de pasajeros. Y tan condenable es el terrorismo de Estado que practicó el régimen de Augusto Pinochet contra los militantes de izquierda en Chile, como el del régimen comunista de Fidel Castro contra —por ejemplo— los cuatro pilotos de la asociación humanitaria civil Hermanos al Rescate, que fueron derribados por aviones de guerra cubanos en aguas internacionales, o el hundimiento del Remolcador 13 de marzo, en el que murieron todos sus pasajeros, incluyendo a 23 niños.
La ex presidenta Moscoso justificó el indulto a los terroristas anticastristas con el argumento de que podrían ser extraditados a Venezuela y Cuba, donde imperan regímenes izquierdistas que los hubieran asesinado. Por su parte, medios de prensa partidarios de Fidel Castro aseguran que Moscoso indultó a Posada Carriles y compañeros por temor a perder la visa de entrada a Estados Unidos, aparte de sus simpatías hacia los cubanos anticastristas.
Como sea, la verdad es que la ex Presidenta panameña cometió una iniquidad al indultar a los terroristas cubanos anticomunistas, quienes igual que los terroristas izquierdistas, islámicos o de cualquier corriente ideológica, política o religiosa, no pueden ni deben tener perdón de la justicia en ninguna parte del mundo.