Terminar el trabajo que se comenzó

Alfonso Efraín Castellón Ayón

Como simpatizante del Partido Republicano y contribuyente en la campaña para la reelección del recordado Ronald Reagan —durante mis quince años de exilio—, experimenté los momentos de excitación, entusiasmo y participación del pueblo norteamericano en las elecciones presidenciales.

De entrevista grabada por el periodista Carl Cannon para el Reader´s Digest, extraje algunas observaciones que relataré en este artículo. Martha Joynt Kumar, científica política de la Universidad de Maryland, al referirse al presidente George W. Bush, dice: “Conocemos de este presidente, más que de cualquiera otro reciente. Le define como un hombre seguro, muy a gusto de ser como es, le gusta arriesgarse y tiene un gran sentido de sus conceptos morales. Aunque no le guste a la gente, a veces, de algo están seguros: que cuando habla dice lo que siente”.

Como Abraham Lincoln, Winston Churchill y Dwight Eiseinhower, es un líder en tiempos de guerra y da la coincidencia de que en su Oficina Oval de la Casa Blanca se encuentran los bustos de dichos líderes adornándola. Es admirador de esos tres grandes, aunque maneje mal la guerra.

George W. Bush es un imperturbable optimista. Su gente de gabinete no quiere darle malas noticias, pues el optimismo de Bush es contagioso. Pareciera más un hijo de Ronald Reagan, que de su propio padre —según Cannon—. Es un hombre al que se le quiere mucho o se le odia (opinión polarizada).

Según el presidente Bush, la gente de Irak está llena de resentimiento y esto alimenta las hostilidades y la afición al terrorismo. Dice que si su país cede ante el terrorismo, otras naciones se sentirán débiles. Opina que cuando el Presidente habla, el mundo debe escucharlo, en clara alusión al poderío militar norteamericano. Y que éste será mejor y más pacífico cuando su país actúe al tenor de lo que predica. Respecto a Palestina, está empecinado en hacer que este país sea respetado y trata de transmitir ese mensaje a lo que él llama idealismo realista.

En cuanto al aborto, predica que a los niños hay que darles una bienvenida a este mundo, protegiéndoles desde el proceso de su nacimiento. Dice que las leyes sobre el aborto cambiarán, cuando cambie el corazón de la gente.

Para finalizar, deseo referir una anécdota llena de realismo: recientemente, caminando el Presidente entre la muchedumbre, en campaña en el pueblo de Lebanon, Ohio, se encontró con un hombre llamado Lynn Faulkner, quien caminaba acompañado de su hija, Ashley, de 15 años. Alguien, de pronto, le señaló a la niña gritándole: “Esa niña perdió a su mamá en la explosión de las Torres Gemelas del 9/11”. George W. Bush, dirigiéndose a la niña le dijo: ¿Cómo estás? La niña respondió: tratando de combatir mi pasado de lágrimas. Entonces, el Presidente la abrazó con ternura y le replicó: puedo ver que tienes un padre que te ama mucho y se despidió de la niña.

Fue tan rápido el incidente que nadie de la prensa nacional lo notó. Pero la niña le comentó a su papá luego que de la forma cómo le abrazó el Presidente, ella sentía que estaba tratando de protegerla. Y le agregó a su padre: “Pensé que tengo aquí, en frente de mí, al hombre más poderoso del mundo y me trata como si fuera su hija, preocupado por mi seguridad”. Esto se supo porque el padre de la niña se lo comentó a un reportero de la localidad.

Uno de sus asesores lo describe como un Presidente que lleva el liderazgo en sus cromosomas, que tiene el carisma de un líder y actúa como tal. La reelección aparece más que como un hecho político factible, una sabia y necesaria decisión del pueblo norteamericano.

Pienso que George W. Bush debe de continuar el trabajo que empezó. ¡Simple!

El autor es Abogado y Notario

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