Fernando Centeno [email protected]
Si bien es cierto los medios de comunicación no son responsables de los niveles de violencia que actualmente afligen al país como han querido reflejar las declaraciones de algunos jefes de policía, sí es importante reconocer que la difusión desmedida de la violencia, genera más violencia.
En un reciente debate promovido por la Fundación Konrad Adenauer sobre el tema de ética periodística, la expositora María López Vigil fue de la opinión que el mismo hecho de hacer protagonistas de la noticia a los propios delincuentes, hace que otros los imiten por el prurito que de esta forma llaman la atención o salían del anonimato.
Es necesario señalar que en los últimos meses se ha evidenciado el afán, en algunos medios de comunicación, de reflejar actos de violencia sin ningún nivel de censura, sean éstos de orden intrafamiliar o externos, sin determinar que muchas veces en ellos estén involucrados niños o adolescentes.
No importa que de por medio haya sangre, sudor o lágrimas. Lo que priva es presentar la noticia lo más amplia posible, o de primero, sin cerciorarse de que la misma esté confirmada, olvidando uno de los principios periodísticos de que “la mejor noticia no es la que se da primero, sino la que se da mejor”.
Cuerpos mutilados o destrozados en accidentes o riñas, parejas agrediéndose frente a los propios hijos, actitudes violentas contra agentes policiales cuando éstos pretenden ejecutar una orden de captura, allanamiento o desalojo; niñas o niños abusados sexualmente o bien imágenes de sus padres o vecindario, que revelan la identificación de la víctima o del victimario, aunque traten de ocultarlo distorsionando el rostro, son escenas que a diario se aprecian en algunos medios de comunicación.
¿Se filmarían las mismas imágenes o se lograrían fotografías si estos casos, en vez de ocurrir en los barrios periféricos o populares, tuvieran lugar en las zonas residenciales o bien entre familiares de los autores de la noticia, el reportaje, la crónica, la fotografía o el filme?
Hay principios fundamentales en la ética periodística que según María López Vigil no se están cumpliendo y que son: “Toda persona debe ser tratada como un ser humano y lo que no quieras que te hagan a ti, no lo hagas a los demás”.
No son principios nuevos: están en la Biblia, en la Convención de Derechos del Hombre, en la Convención de Derechos del Niño, en nuestra Constitución y otras leyes; en fin, en los principios morales que todos deberíamos tener, pero que a veces se nos olvidan cuando tratamos de destacar un hecho, sin importar que con el mismo lesionamos los derechos de los demás.
Sobre este tema hay que destacar el esfuerzo de un grupo de comunicadores egresados del primero y segundo postgrado de niñez y comunicación, por impulsar la aprobación de un Código de Ética sobre temas de niñez y adolescencia, con el apoyo de Save the Children Noruega.
Este Código no sólo está dirigido a periodistas, sino a todas las profesiones y oficios afines, como publicistas, camarógrafos, fotógrafos, profesores de periodismo, estudiantes de dichas carreras, y otros vinculados de una u otra manera a lo que se ha llamado el “apostolado” de la comunicación, quizás no tanto por lo sacrificado del mismo sino por los bajos salarios que se perciben, y por las incomprensiones y prejuicios que se ciernen sobre este gremio.
Si bien es cierto que los principios éticos no son de cumplimiento obligatorio, ni ningún código sobre estos temas cambiará los estereotipos de algunos comunicadores, sin embargo está claro que resulta necesario una profunda revisión a la forma en que se ejerce este oficio que alguna vez García Márquez llamó “el mejor del mundo”, para evitar que se continúe re-victimizando a personas adultas, adolescentes o niños, que constantemente son protagonistas de noticias a veces sin desearlo y que pudieran dejarlos marcados moralmente para toda la vida.
El autor es periodista