Róger Matus Lazo
Cada país y cada región en particular tienen su propia identidad lingüística, que la hace singular y a la vez diferente a las demás, con su caudal léxico propio y su manera particular de decir las cosas. Por esta razón es muy fácil distinguir o identificar por el uso oral de la lengua y por el modo de hablar, a un mexicano, un cubano, un colombiano, un argentino o un nicaragüense. Y es que la lengua es un elemento vivo, en permanente evolución y cambio, que se acomoda —con los más variados matices— al ánimo, al tiempo y al lugar según lo imponga una situación concreta. Un ejemplo elocuente lo constituye nuestra frecuentísima interjección ¡ideay!, que ha resultado de la contracción de la expresión ¡y de ahí!, acompañada de todo un conjunto de elementos: desde la entonación y la gesticulación características, hasta la carga de afectividad que la matiza: Ideay, yo creo que te está creciendo la barriga, ahí tenés un motete. (LP/27/11/03, p. B9)
De manera que los hablantes de una región determinada emplean sus propias voces y giros. Son los regionalismos que toman o derivan su nombre de la comunidad lingüística (continente, país o región) a que pertenece. Así, se llaman americanismos las voces y expresiones usados en Hispanoamérica y que no pertenecen al español general o tienen un significado particular y distinto del empleado en España. En el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) aparecen identificados con la marca Am. Por ejemplo, el término conferencista los registra así el DRAE: conferencista. Am. conferenciante. Esto significa que el conferencista en Hispanoamérica es el conferenciante en España. Veamos un diario local: Los conferencistas invitados para este seminario son personajes nacionales e internacionales. (LP/07/03, p. 2 A)
A veces, el americanismo no tiene equivalente en España, como ocurre con cotona. Por ejemplo: Le ha puesto su sello: desde su voz aguardentosa hasta la forma de vestir, con cotona… (END/02/04, p. 2 A). O el término bancada (grupo de legisladores de un mismo partido): No deben existir “bancadas” en Poderes del Estado. (BdeN/27/05/03, p. 3). Otras veces, el americanismo es el resultado de una derivación de la voz española, como concuño (concuñado): Doña Rosa dice que su concuña la amenazó hace 15 años… (END/23/12/03, p. 6 A). O simplemente la supresión de una vocal, como la sacudida rápida y brusca, que llamamos sacudón (sacudión): Juan Santamaría relató que sintió un “sacudón” como a las diez y media de la noche… (END/19/06/03, p. 5)
Muchos americanismos tienen su origen en las lenguas indígenas, como el adjetivo chúcaro (del quechua chucru, duro), que se aplica al ganado caballar y mular bravío, no domesticado: Las montadas de las mulas chúcaras es uno de los principales atractivos de este evento. (LP/09/12/03, p. 8B)
Los centroamericanismos figuran en el DRAE con la marca Am. Cen. Veamos. bayunco. Am. Cen. adj. tosco (grosero). Citemos un diario: … a vos te remolca cualquier bayunco. (LP/03/08/03, p. 10B). Otro ejemplo: chingo (referido a un vestido, corto): Con pantalón “chingo” y chinela de gancho. (LP/12/09/03, p. 13 A)
A veces, un centroamericanismo tiene su equivalente en España, como cumiche (benjamín, hijo menor de una familia): Todos trabajan en el campo, hasta el más cumiche con trece años le hace al machete con mucha destreza. (LP/27/11/03, p. 9B). En otros casos, el centroamericanismo no es de uso corriente en un país, como ocurre con acial, desconocido en nuestro país, en donde usamos tajona: (látigo de cuero atado a un cabo de madera): Recuerdo que me llevaron a punta de tajona. (END/19/01/04, suplemento “Regreso a clases”, p. 13)
Hay casos en los que el centroamericanismo se usa en un país con una ligera variante en su estructura, como el caso de tenamaste, que en Costa Rica dicen tinamaste.
En la mayoría de los casos, los regionalismos (cubanismos, colombianismos, guatemaltequismos, hondureñismos, mexicanismos, etc., aparecen identificados con la abreviatura del país de procedencia: Cuba (Cub.), Colombia (Col.), Guatemala (Guat.), Honduras (Hond.), México (Méx.), etc. Los nicaragüensismos o nicaraguanismos llevan la marca Nic.
Un regionalismo a veces tiene, según el país, semejanza en la escritura. Es el caso de curcucho (jorobado), igual en Nicaragua, El Salvador y Honduras; pero ligeramente diferente en otros países: curco en Ecuador, quirquincho en Argentina, corconcho en México, corcuncho en Costa Rica y curcuncho en Chile. Citemos un diario: En el centro del escenario, figura principal, está un anciano pequeñito y curcuchito… (LP/17/08/03, p. 10B)
Otras veces el regionalismo tiene su equivalente en otros países, pero con escritura diferente. Nuestra tajona, según Carlos Gagini, se parece a la atajona de Honduras, pero en Chile se llama guasca, en Cuba cuarta y en Venezuela mandador.
Y nuestro tenamaste es la topia de Venezuela y la tulpa de Colombia, Ecuador y Perú.
Algunos nicaragüensismos son compartidos con otros países, como chambón (ordinario, descortés), empleado también con esa acepción en Colombia: Y pensar que el gobierno chambón de Arnoldo Alemán mandó a fusilar la filosofía… y la eliminó de los programas de educación. (LP/11/03, p. 13 A). Sin embargo, esa misma palabra tiene en nuestro país otra acepción que no se registra en ningún otro país hispanoamericano: muy bueno excelente. Veamos: ¡Es que me gasto un “carism” chambón! (LP/18/04/04, El Azote Semanal)
Un nicaragüensismo como nacatamal es compartido con Honduras y México. Pero en nuestro país se emplea también una forma jocosa y festiva, muy particular, derivada de aquélla: nacatambuche. Veamos: ¿Y vos ya te lanzaste tu “nacatambuche”? (END/23/11/03, p.5B)
Hay nicaragüensismos que se forman con una transposición (metátesis) de la forma española, como el sustantivo temblequeadera (temblor), que nosotros pronunciamos tembelequeadera, con el significado de “miedo”: Como en muchas cosas de nuestra vida nacional, en este tema nos movemos entre la tembelequeadera y la inconsistencia. (LP/07/09/03, El Azote Semanal)
Existen términos propios del habla nicaragüense derivados de una voz inglesa, como el verbo bisnear (del ingl. business): Desautorizados por “bisnear” con maestros y estudiantes. (LP/07/09/03, p. 5B). En otras circunstancias, derivan del malespín, una especie de argot inventado por el general salvadoreño Francisco Malespín. Es el caso de tuani (bueno): Me siento bien que me vean como una persona y no como un delincuente, que me traten de vos a vos, con respeto, eso es tuani, maje. (LP/08/03, p. 4C)
En un mismo país, región o zona geográfica se pueden también identificar regionalismos más específicos. Son los localismos, como los chinandeguismos, los chontaleñismos, los granadinismos, los leonesismos, etc. Veamos el caso de piquinyuquis (trago de licor), un juigalpismo usado también en otros municipios de Chontales: Casi bebía diario, perenne era el día para echarme mis “piquinyuquis”. (LP/30/11/03/03, p. 10B)
En una misma comunidad lingüística encontramos diferencias lexicales según la ocupación, y una misma palabra tiene sentidos diferentes de acuerdo con el tipo de hablante. Así, el verbo quebrar denota para el marinero de Corinto “doblar la red”, para el ganadero chontaleño significa “desbaratar la leche ya cuajada para preparar el queso”, para las amas de casa es “machacar el maíz antes de molerlo”, y para la mayoría de los hablantes significa “destruir o frustrar la aspiración de alguien”. Para los jóvenes, en la actualidad, este verbo tiene una connotación sexual: fornicar.
Existen también algunas palabras que tienen diferente estructura según la región. Así, el dulce hecho de jocotes cocidos, leche y azúcar se llama cusnaca en unas partes y currusna en otras. La verdura exquisita conocida como chayote, se la llama chaya en el norte del país. En occidente llaman nisayo a los desperdicios de las comidas que se recogen para alimentar a los cerdos, en cambio en la región oriental le dicen machigüe. O como el caso del verbo de origen náhuatl nisquezar (cocer el maíz con agua de ceniza), que en unas regiones, como en Chontales, se dice nesquizar: … el maíz lo nesquizábamos con cenizas y ya amanecía lavado para molerlo al día siguiente. (LP/25/04/04, p. 10B)
Estas variantes lingüísticas son legítimas, pues además de enriquecer y renovar el habla de un pueblo, representan su forma peculiar de ser y de actuar por medio del lenguaje.
El autor es Miembro de Número de la Academia Nicaragüense de la Lengua