¿Es posible que valga más un auto que un bosque?

Franklin Bordas L.*

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¿Es posible que valga más un auto que un bosque?


Franklin Bordas L.*




¿Qué podemos hacer si los bancos continúan dándole más valor a un automóvil que a los árboles? Los bancos financian a importadores de autos, bienes de alta rotación y consumo masivo, medicamentos, distribuidoras de alimentos, estudiantes de maestría y hasta detectives privados, sin complejas restricciones. Pero cuando se habla de árboles, los analistas de crédito de los bancos más importantes, después de la acostumbrada taza de té, café o refresco gaseoso, se deciden por un fugaz apretón de manos como rápida despedida, ya que este campo de los negocios es territorio minado, donde hay que moverse con pies de plomo o paralizarse.

Los propietarios de bosques son millonarios sin liquidez. Los árboles constituyen una especie de capital invisible para los bancos. Los bancos aceptan como prendas bienes inmuebles en Managua, pero los bosques no están en Managua, y los dueños de bosques cuentan con patrimonios rurales. Probablemente los bancos aceptarían prendas como equipos de extracción (tractores, cargadores y camiones) o maquinaria de transformación primaria o secundaria de la madera, aunque con usos no mayores a los cinco años. Pero los dueños de bosques trabajan con máquinas hechizas de más de 20 años y ya sin valor en libros, por lo tanto carecen de prendas viables.

La reingeniería ha llegado a los cerebros forestales. Los funcionarios del Gobierno saben lo que hay que hacer, no sólo mañana, sino hasta los próximos 30 años; los dueños de bosques y demás actores también lo saben. Gerentes y directivos del sector privado han viajado a ferias internacionales y conocen por ejemplo, que la madera debe venderse secada al horno para obtener mejores precios. Ahora requieren hornos de secado.

Nicaragua puede secar menos del diez por ciento de lo que produce anualmente. Aquí está un problema que resolver. ¿Cómo mejorar el valor de las exportaciones sin secado? Y, ¿cómo secar sin hornos suficientes? O, ¿cómo invertir en hornos sin financiamiento? Pero no se trata sólo de hornos. Hay que cambiar la obsoleta maquinaria de extracción forestal o tracción animal por equipos modernos y eficientes. Invertir en nuevos aserraderos para evitar altos costos de reparación y mantenimiento, y obtener cortes más ajustados a las normas del mercado. Hoy los dueños de bosques entienden que resulta más rentable producir piezas predimensionadas, cepilladas y con un 12 por ciento de humedad, que sólo madera aserrada verde. Pero se requiere financiamiento.

No sólo los dueños de bosques e industriales de la madera trabajan con las uñas. De forma semejante o peor, los plantadores o reforestadores, con sus inversiones de largo plazo y presiones financieras, necesitan de los bancos. El asunto está en que los bancos puedan identificar en los recursos forestales una oportunidad para realizar importantes transacciones.

Hay entusiasmo, voluntad, estrategias, planes, pero no hay dinero. Los consultores y especialistas del sector forestal con muchos años de experiencia, ven a Nicaragua saliendo de su postración económica a través de la administración adecuada y eficiente del recurso bosque, pero se necesita invitar a la banca nacional a ser un actor clave en este proceso. Los bancos necesitan capacitarse en los negocios forestales, quizás requieran fondos de garantía y seguros forestales para calcular sus riesgos. Pero el asunto es empezar.

Para los bancos, invertir en los bosques debería ser una tarea fundamental, no simplemente como negocio, sino como una responsabilidad ciudadana e institucional, apoyando el equilibrio ambiental que legaremos a las generaciones futuras. Financiar automóviles no es malo, pero jamás un auto tendrá más valor que un bosque.

* El autor es consultor en mercadeo forestal

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