El Estado nicaragüense en su desarrollo histórico

Germán Romero V.

En 1821, Nicaragua, junto a otros países de Centroamérica, se independizó del Gobierno español. Desde esa fecha hasta nuestros días el país ha vivido bajo diferentes formas políticas.

Al principio el conjunto de ellos tomaron el nombre de Provincias Unidas de Centroamérica. En 1822, se unieron al imperio mejicano, unión que duró hasta 1838. De acuerdo a la Constitución Federal de Centroamérica, cada Estado debía redactar su propia constitución y elegir a sus autoridades.

En 1938, Nicaragua se separó de la República Federal de Centroamérica. Una nueva constitución fue redactada en la que el nombre de Jefe de Estado fue sustituido por el de Supremo Director.

El Estado nicaragüense tuvo que enfrentar entre 1838 y 1854 la hostilidad del Gobierno británico. Los disturbios locales provocaron en 1844 la intervención armada de Honduras y El Salvador, con el resultado del saqueo e incendio de León en 1845.

La subida al poder de un nuevo Director Supremo, en 1853, permitió la reunión de una Asamblea Constituyente que redactó una nueva Constitución ,en 1854, según la cual Nicaragua sería una República, y su jefe, Presidente. Ese mismo año comenzó una nueva guerra civil que en 1856 se transformó en Guerra Nacional. El Estado nicaragüense estuvo a punto de desaparecer, en tanto que Estado independiente. La expulsión de Walker de Nicaragua, en 1857, puso fin a la espiral de violencia que había ido creciendo a partir de 1821.

En 1858 se proclamó una nueva Constitución que dejaba el poder en manos de los más ricos. A pesar de los cambios de Constitución que se han producido desde entonces hasta nuestros días, el país ha estado viviendo bajo un régimen presidencial, apenas interrumpido en breves períodos por juntas de Gobierno.

Más importante en esta historia política ha sido la forma de votación y el derecho al voto, para elegir al Presidente y a la asamblea legislativa. Con la Constitución de 1893, conocida como la “La Libérrima”, se estableció definitivamente el sufragio universal, directo y secreto. El tercer paso, en este aspecto, se dio en 1954, con el sufragio femenino. Una cuarta etapa fue el derecho al voto a partir de la edad de 16 años, establecido en los años ochenta.

Los partidos que han gobernado entre 1858 y 2002 han sido el conservador, el liberal y el sandinista. El partido Conservador gobernó en un primer momento entre 1858 y 1893. Fue un período en el que hubo paz y progreso, permitiendo el afianzamiento del Estado. En 1893, subió al poder el partido liberal, que gobernó hasta 1909.

La intervención norteamericana, diplomática, primero en 1909, y militar después entre 1912 y 1932, introdujo un elemento de perturbación en el desarrollo de la historia política de Nicaragua. Si bien es cierto, que el partido conservador volvió al poder y lo controló hasta 1928, no lo es menos que este poder se ejerció bajo la tutela del Gobierno norteamericano. No se puede, entonces, comparar el régimen conservador entre 1858-1893, independiente de ataduras extranjeras, con el período de la “restauración” de 1910 a 1928, sometida a la voluntad de otro Estado.

El partido liberal volvió al poder en 1929 para perderlo en 1979. Durante esos años la característica política más sobresaliente fue el predominio de la familia Somoza, entre 1937 y 1979. En 1979, se produjo una revolución que derrocó en forma violenta al partido liberal. Se instauró un nuevo régimen liderado por el partido sandinista con un programa político-militar que contemplaba una transformación radical del Estado, la economía y la sociedad.

Las elecciones de 1990 pusieron fin al experimento revolucionario. El régimen político que se instauró en 1990 fue el resultado de una coalición de varios partidos. En 1996 se dieron nuevas elecciones ganadas por el partido liberal. Las elecciones del 2002 dieron de nuevo el triunfo al partido liberal.

La historia política de Nicaragua, desde 1821 hasta nuestros días, es una historia extremadamente compleja. La vida política juega un papel importante en el desarrollo y el crecimiento. Por lo tanto, se hacen necesarias la estabilidad, la libertad, la paz y la sensibilidad social, para el fortalecimiento democrático, la paz y el progreso. El diálogo, la tolerancia y el respeto al derecho ajeno, son elementos fundamentales para el avance político del país.

El autor es historiador.

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