Roberto Ferrey Echaverry
El presidente Enrique Bolaños hizo un llamado a la “resistencia cívica”, sin precisar exactamente el significado de tal frase.
Muchos nicaragüenses, preocupados por el actual rumbo del país, se preguntan qué hacer; cómo participar e incidir en los acontecimientos que han generado rumores de un posible rompimiento del orden constitucional.
Varios juristas han expresado que no existen mecanismos legales que permitan a sectores de la sociedad civil hacer frente a las acciones coyunturales que realizan, conjunta o separadamente, los partidos políticos “mayoritarios” del país, el PLC y el FSLN.
Esta situación ha sido calificada, por el doctor Emilio Álvarez Montalván como el “Triángulo de las Bermudas”, que amenaza la nave de libertades y derechos que va surcando el mar de nuestro proceso democrático a fin de alcanzar una tierra firme en que lograremos un desarrollo económico-social que permita mejorar las condiciones de vida de todos y cada uno de los nicaragüenses. Pero hay que navegar sobre las aguas del “Triángulo de las Bermudas”.
Eduardo Enríquez, en su columna Blanco y Negro del sábado 21 de agosto hizo referencia a una “solución electoral”, mediante la cual los ciudadanos nicaragüenses debemos votar y elegir “gente que esté fuera del círculo vicioso de los caudillos”. Accionar que deberá iniciarse en las presentes elecciones municipales, para reafirmarse en las próximas elecciones nacionales.
Los así elegidos, continúa el citado articulista, serían los encargados “de hacer las reformas necesarias para garantizar la limpieza y despartidarización de los otros poderes del Estado”.
En mi opinión ésta sería una especie de resistencia cívica, en concordancia con la convicción nacional de no volver a recurrir a la violencia para solucionar nuestras diferencias políticas.
Por mi parte, intento profundizar esta forma de resistencia cívica proponiendo conceptuar la elecciones municipales como una consulta ciudadana, mediante la cual los nicaragüenses expresemos claramente no estar de acuerdo ni conformes con el accionar de los ya referidos partidos mayoritarios ni con las decisiones que sus respectivos caudillos nos imponen utilizando las actuales estructuras partidarizadas del poder público.
Esto no significa no votar. Por el contrario, hay que salir a votar el 7 de noviembre, pero por una opción diferente al PLC y al FSLN. Abstenerse equivale a votar a favor del PLC o del FSLN.
Debemos ejercer nuestro derecho al voto, conscientes de que estamos expresando, en forma cívica y democrática, nuestro desacuerdo con el actual estado de cosas y nuestros deseos de cambio.
Cambio hacia un orden de cosas que nos permita reducir drásticamente la pobreza; romper con el estancamiento económico que afecta más a los que menos tienen; restablecer la dignidad e integridad de las familias; y restablecer valores éticos en todos los órdenes de la vida diaria.
Cambio mediante el cual recuperaríamos la esperanza de vivir en Nicaragua en forma digna, en paz y con tranquilidad y con la certeza de que nuestros hijos podrán estudiar, trabajar, conformar una familia y disfrutar de un nivel de vida mejor que el que nos ha tocado sufrir a las generaciones actuales.
Para lograr esto último debemos actuar cívicamente, claro está. Caso contrario seguiremos siendo víctimas de la corrupción, del desempleo y de la pobreza; tal como lo menciona Eduardo Enríquez en su referido artículo.
Pero debemos decidirnos a actuar, preferentemente en forma organizada, para ponerle fin a “esta estructura bipolar que tiene atrapado al sistema institucional”, como consecuencia del pacto Ortega-Alemán, tal a como afirma el constitucionalista doctor Gabriel Álvarez.
El autor es Vocero del PRN.