Paros contra pacientes

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Paros contra pacientes





Sin duda que los trabajadores del sector público de la Salud son muy mal pagados y merecen y necesitan una mejor remuneración. De manera que es justo y necesario que ellos reclamen mejores sueldos y que luchen por conquistarlos. Sin embargo, ellos no deberían por eso paralizar los centros de salud, pues perjudican gravemente a los pacientes y enfermos en general, a los que tienen la obligación de atender y cuidar lo mejor que se pueda y por encima de cualquier consideración y circunstancia.

¿Acaso no es suficiente sufrimiento para las personas estar enfermas, el mal servicio que reciben y la falta de medicamentos? ¿Les gustaría a los dirigentes y activistas gremiales de la Salud, que sus parientes más cercanos tuvieran que necesitar del servicio de hospitales y clínicas por padecer graves enfermedades, pero que les negaran la atención por el paro para demandar más sueldo y otras reivindicaciones de interés particular?

En LA PRENSA del martes de esta semana se informó que un bebé murió en el Hospital Bertha Calderón, según sus padres por falta de asistencia médica debido a que había un paro de labores por mejores sueldos, pero según los huelguistas fue por razones clínicas. Como fuera, el hecho es que el hospital estaba paralizado por la acción gremial y es lógico que los padres del niño crean que si no hubiera sido por eso su criatura se habría podido salvar. En todo caso, las autoridades deberían investigar este asunto y establecer y deslindar responsabilidades.

Al parecer hay la errónea creencia de que quienes acuden a los centros públicos de salud, como pacientes que son, deben soportar todo: mala atención, falta de medicinas, deplorables condiciones de los hospitales y clínicas, y de remate, la huelga sin importar que los enfermos se agraven y se mueran por falta de atención en el momento oportuno. Pero los enfermos no son pacientes porque tienen o deben tener paciencia, sino más bien porque sufren y necesitan una atención rápida y apropiada. Paciente, en lo que se refiere a los enfermos, no deriva de paciencia, sino de apacentar, es decir, de tranquilizar, aliviar, calmar. O sea que paciente es quien por estar enfermo necesita ser atendido y aliviado. Y quien escoge por su propia voluntad la profesión médica y trabajar en el área de salud, debe tener conciencia de que ante todo tiene que ser compasivo con las personas dolientes, con los enfermos a los que tiene que atender sin condiciones de ninguna clase.

Es incongruente, entonces, que quienes tienen la misión de calmar los sufrimientos y salvar la vida de los enfermos, padecientes y pacientes, más bien agraven su situación negándoles la atención porque están en paro como presión por obtener mejoría salarial. Por otro lado, la paralización de actividades y servicios en los centros públicos de salud es también una violación de los derechos constitucionales de las personas que acuden a los hospitales y clínicas en busca de atención y alivio a sus enfermedades.

“Los nicaragüenses tienen derecho, por igual, a la salud. El Estado establecerá las condiciones básicas para su promoción, protección, recuperación y rehabilitación. Corresponde al Estado dirigir y organizar los programas, servicios y acciones de salud y promover la participación popular en defensa de la misma”, dice el artículo 59 de la Constitución Política de la República.

Eso significa que el Estado tiene la obligación de construir y mantener los hospitales y demás centros de salud necesarios para atender a los nicaragüenses enfermos, así como también disponer y ejecutar las medidas preventivas que sean necesarias. Pero igualmente significa que quienes trabajan para el Estado en el área de salud pública están obligados a brindar servicio, sin interrupción ni condiciones, a los nicaragüenses enfermos y necesitados de asistencia sanitaria.

Las y los trabajadores de la salud, repetimos, necesitan y merecen mejores salarios y la sociedad los apoya en esa demanda. Pero ellos tienen que buscar cómo plantear esa demanda y conquistar sus objetivos sin hacer daño a los enfermos, que son sus pacientes precisamente para que los atiendan con solicitud, no para aguantar con paciencia ilimitada el mal servicio y además el cruel castigo de los paros laborales.

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