- A fines de la década de los cincuenta Nicaragua entró de cabeza a la era moderna de la
seguridad social. Para entonces, se prometía un futuro alentador para miles de trabajadores, quienes recbirían en un principio una anhelada e inigualable atención médica y visionaban una vejez sin complicaciones. Cinco décadas después, la ilusión está aún por cumplirse
Johnny Cajina Guillén
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Cuando el presidente Luis Somoza recibió el 10 de febrero de 1957 el primer carnet de asegurado posiblemente miles de trabajadores estaban convencidos que tendrían una jubilación segura y tranquila. Ese día, finalmente el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) abría sus puertas tras varias décadas de espera.
Nicaragua entraba rezagada a la nueva ola modernista iniciada en Chile. A esta nación pionera en América Latina, le siguieron el resto de naciones después de 1924. Casi medio siglo había transcurrido entonces desde el surgimiento del fenómeno social en la Europa industrializada. La Caja Costarricense del Seguro Social despuntó en el istmo casi dos décadas más tarde.
Por alguna razón, se habían engavetado algunos compromisos asumidos al respecto en Washington, Estados Unidos, y pese a que la Constitución de 1950 ya recogía la idea de instaurar una institución social de beneficio y protección para los trabadores, la idea dormía la paz de los justos.
Fue la inauguración del hospital peruano del Seguro Social del Empleado, lo que dejó impresionado al presidente Anastasio Somoza García, quien echó a andar el proyecto a su regreso de una visita oficial a mediados de 1954.
ENTUSIASMO SIN OPOSICIÓN
El decreto presidencial número 161, del 22 de diciembre de 1955, se convirtió en el embrión que dio vida 14 meses después al INSS, que enlistó inicialmente a una legión de 7 mil funcionarios públicos provenientes del Ferrocarril de Nicaragua, de la Empresa Aguadora, Luz y Fuerza Eléctrica, Instituto de Fomento Nacional y Banco Nacional, entre otras instituciones.
Arduos meses de trabajo y discusión entre empleados, sindicatos, empresarios, la Asociación Médica Nicaragüense, el Gobierno y los congresistas, desembocaron en un inusitado entusiasmo sin opositores que contribuyó a la bienandanza del proyecto, depositado en manos del secretario privado de la Presidencia, doctor Luis Felipe Rodríguez Serrano, a quien los archivos historicos del INSS registran como el segundo asegurado del país.
Parte de los predios del vetusto cementerio San Pedro albergaron al primer consultorio general del Seguro Social –indistintamente conocido como la Policlínica Central–, cuyas autoridades inauguraron con pompa el 2 de marzo de 1957. La edificación de una sola planta fue demolida pocos años más tarde para construir en su lugar el moderno edificio del INSS.
La avanzada tecnología médica y un revolucionario “departamento de máquinas IBM”, que albergaba las enormes computadoras encargadas del registro contable automatizado de los afiliados y sus cotizaciones por medio de las famosas tarjetas perforadas, fueron la nota predominante en los medios de la época.
BONANZA ECONÓMICA
Casi simultáneamente, el INSS adquirió con fondos propios un ala de tres plantas que el Hospital General había recién construido y que se destinó a la hospitalización de los asegurados. Un prestigiado cuerpo médico y una legión de experimentadas enfermeras dieron el toque final a la obra.
La seguridad social criolla despegó brindando cobertura por maternidad y riesgos laborales a todos sus afiliados, quienes gozaban de una atención médica integral sin exclusión de ninguna especialidad. Para obtener una pensión por vejez, los nuevos asegurados deberían cotizar al menos cinco años y sólo tres para optar al beneficio del seguro por muerte o invalidez.
La cobertura que inicialmente llegó sólo para los empleados públicos de la capital, abarcó en junio de ese mismo año a los trabajadores de la empresa privada, mientras crecía geográficamente hasta cubrir las principales ciudades del Pacífico y otras que, aunque de menor importancia, concentraban grandes emporios económicos como Chichigalpa y Corinto.
El atractivo del seguro por Vejez, Muerte e Invalidez, contingencias que no requerían de centros asistenciales, extendió la cobertura a casi todo el país. No obstante, Siuna, Rosita y Bonanza, los municipios mineros del Caribe, esperaron junto con Matagalpa hasta 1972 para ser incorporados al sistema.
La bonanza económica del INSS de esos primeros años en los que no se enteraban aún las primeras pensiones, permitió grandes avances en infraestructura. Para entonces, la Junta Nacional de Asistencia y Previsión Social (JNAPS), había designado para los pensionados, lujosas habitaciones de primera y segunda clase en la planta alta del moderno Hospital General El Retiro.
CRISIS Y DEBACLE
Sin duda, había razones para que el Seguro Social nicaragüense se jactara de un prestigioso sistema asistencial en la capital, que estaba complementado por una inmejorable atención en las policlínicas Oriental y Occidental, que le merecieron grandes reconocimientos a nivel internacional. Pero, la naturaleza y los históricos vaivenes políticos se convirtieron en obstáculos incalculados que echaron al traste parte de la magna obra.
La debacle sísmica de diciembre de 1972 significó un fuerte retroceso. El Hospital del INSS, ubicado en los límites del barrio San Antonio sobre la 4ta Calle Suroeste, colapsó y fue demolido. La misma suerte corrió El Retiro, mientras que el monumental edificio del Seguro Social inaugurado 1965, que albergaba sus oficinas administrativas y donde funcionaba la Policlínica Central, fue abandonado por los severos daños.
Aún así, a nivel nacional la institución contaba con grandes hospitales en León y Chinandega y otros importantes centros asistenciales. Hacia 1978, el INSS señoreó con orgullo el nuevo hospital 15 de Septiembre de referencia nacional, construido en Las Brisas. Tenía en proyección la construcción del Hospital Central del INSS en la zona oriental de la capital y había contratado 50 camas en el privado Hospital Bautista.
Las transformaciones sociales que intentó poner en marcha la revolución sandinista, trastocaron los cimientos de la Seguridad Social en agosto de 1979, con la instauración del Sistema Nacional Único de Salud (SNUS), mediante el cual todos los centros asistenciales del INSS pasaban a manos del Ministerio de Salud (Minsa).
BUSCANDO UN MODELO IDÓNEO
Tras una devastodara guerra civil y en el contexto de asegurar viejas reivindicaciones sociales, los mejores hospitales y policlínicas del país que atendían a poco menos de 130 mil asegurados, fueron destinados para brindar salud gratuita a más de 2,4 millones de nicaragüenses.
A la sazón, el Seguro Social se convirtió exclusivamente en el gran recaudador de fondos, mismos que fueron mermando con los años dada la aguda crisis económica que ya golpeaba las puertas de una nación en guerra y la desmotivación generalizada de la empresa privada, que acarreó a la institución las consecuencias funestas de una mora del 50 por ciento.
No obstante, para los expertos, esa coyuntura no hizo más que aligerar la llegada de una crisis inminente, que ya carcomía a la mayoría de los sistemas contributivos del mundo.
Las originales tasas de recaudación de carácter temporal, que fueron condescendientes con el sector privado y que permanecieron bajas e intactas por más 25 años, más el creciente número de pensionados, eran algunos de los factores que obligaban a hacer transformaciones, que llegaron hasta 1990 cuando Nicaragua cambió de rumbo.
Sin embargo, las voluntades políticas fueron distintas y las imposiciones de los organismos financieros mundiales se convirtieron en un pesado lastre.
Catorce años más tarde la experiencia parece indicar que la aplicación del sistema chileno no ha dado mucho resultado y que la realidad nicaragüense con una economía fundamentalmente informal, impone la búsqueda y aplicación de un nuevo modelo de seguridad social más justo y menos excluyente.
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