Agonía de la tortuga verde

Miles de tortugas son atrapadas y sacrificadas anualmente en el litoral Atlántico de Nicaragua. En el rastro municipal de Bilwi se contabilizan diariamente entre 40 a 60 tortugas verdes, que son destazadas y comercializadas, las que provienen mayoritariamente de los bancos de pesca de los Cayos Miskitos. En Bluefields, otro tanto corre la misma suerte […]

Miles de tortugas son atrapadas y sacrificadas anualmente en el litoral Atlántico de Nicaragua. En el rastro municipal de Bilwi se contabilizan diariamente entre 40 a 60 tortugas verdes, que son destazadas y comercializadas, las que provienen mayoritariamente de los bancos de pesca de los Cayos Miskitos.

En Bluefields, otro tanto corre la misma suerte y si a esto le sumamos la enorme cantidad que son destazadas en las diversas comunidades del litoral Atlántico, pronto serán sólo referencia en los datos estadísticos de la pesca nacional.

En algunos refugios silvestres, organizaciones no gubernamentales, el Ejército e instituciones del Gobierno, trabajan para proteger a la tortuga. Pese a la propaganda que se puede leer en camisetas y algunos folletos, llamando a la conciencia de la población a la conservación de los quelonios, la verdad es que esta población está disminuyendo cada día.

En las playas del Océano Pacífico se les persigue para arrebatarles los huevos y comercializarlos en los mercados, y en el Atlántico, se les caza para descuartizarlas y vender su carne.

Es común ver en Bilwi, Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), los duri tara (cayuco grande) arribar al muelle y bajar entre 18 a 20 tortugas, producto de la pesca realizada. Asimismo, es notorio en las calles de Bluefields ver circular un carretón de caballos que traslada otro tanto de la apetecida tortuga al rastro municipal.

En ninguno de los dos casos se ven autoridades del Marena prestos a regular la caza y destace de estos indefensos animales. Menos que lo hagan en comunidades más alejadas de esas ciudades.

Ayudemos a la tortuga. Hagamos un esfuerzo en común para salvaguardarla.

Fotos: German Miranda
Texto: Walter Treminio y German Miranda

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