Jorge A. Huete-Pé[email protected]
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Investigación científica y desarrollo
Jorge A. Huete-Pérez
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Se cuenta que cierto día, después de presentar su examen de grado, un estudiante llegó desconcertado y preocupado a reclamarle al profesor, nada menos que el famoso genio, Albert Einstein; “Doctor Einstein, las preguntas del examen fueron las mismas del año pasado, ¿cómo puede ser?”, le descargó. “Sí”, respondió Einstein, “sólo que en este año las respuestas son diferentes. ¿No le parece?”.
Al expresarse así, seguramente Einstein estaba partiendo del avance vertiginoso de las ciencias y los nuevos enfoques integrados de las diversas ramas del conocimiento. Dada la velocidad de cambio de la ciencia y la tecnología del siglo XXI, y con todo el proceso de globalización de la economía, la recomposición de los “motores” del desarrollo de cada nación es una tarea ineludible.
El reconocimiento de las actividades científicas y tecnológicas como factores fundamentales del desarrollo de las naciones es tan relevante, que varios países en desarrollo como Brasil y la India vienen implementando un moderno sistema político-económico sustentado en el conocimiento y la innovación. Por su parte, la comunidad científica internacional ha venido reclamando de los gobiernos mejores políticas y financiamientos de programas mínimos de desarrollo científico. El Concejo Inter-Académico (IAC), por ejemplo, ha llamado a realizar un esfuerzo para que los beneficios de la ciencia lleguen a todos los rincones del planeta.
Dicha preocupación surge del reconocimiento de la creciente brecha entre los países industrializados y los más pobres, no sólo en lo económico, sino también en cuanto al dominio de los nuevos conocimientos. Según el IAC, conformado por más de 90 academias del mundo, ninguna nación puede darse el lujo de no tener acceso a capacidades de investigación científica que la ayuden a desarrollar políticas informadas y llevar a cabo acciones efectivas para enfrentar los retos de la actualidad.
Todo país está llamando no solamente a aprovechar las ventajas competitivas naturales, sino a “inventarse” nuevas ventajas mediante la inversión en infraestructura científica y la innovación tecnológica. Dicho de otra manera, debe plantearse una nueva estrategia de desarrollo que, basada en el impulso de la ciencia local, brinde al país mayores posibilidades de éxito en un entorno caracterizado por una intensa competencia.
En este contexto, resultó muy significativo el que nuestra comunidad científica haya participado en el Segundo Congreso Nacional de Biotecnología, el pasado 25 de junio. Este esfuerzo, loable y quijotesco, trata de congregar a los mejores investigadores para potenciar sus fortalezas y avanzar la biotecnología en el país, y garantizando la protección ambiental. Algo digno de mencionar es el ánimo de los investigadores por priorizar la investigación aplicada y la búsqueda de alianzas con la empresa privada.
Para que este empeño por desarrollar un área tan estratégica como la biotecnología alcance las metas propuestas, es imprescindible conseguir el apoyo decidido del Gobierno. Hasta ahora se ha carecido de este apoyo gubernamental, quizás por desconocimiento del potencial que representan estos valiosos recursos humanos con que cuentan nuestras universidades.
Para hablar de apoyo concreto, apuntemos que se debe implementar la recomendación internacional de que cada país debería dedicar un mínimo de entre 1 y 1.5 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) al desarrollo de sus capacidades científicas. Actualmente existen enormes diferencias en los presupuestos asignados y que van desde el cuatro por ciento en naciones prósperas como Japón hasta apenas un 0.5 por ciento en países como Angola o El Salvador. Igualmente, mientras en países como EE.UU. el número de científicos sobrepasa los 3 mil 500 por millón de habitantes, en países de bajos ingresos como Nicaragua, las cifras son tan pequeñas que es difícil obtener estimados confiables. Estas diferencias descomunales confirman los grandes retos por superar y específicamente la necesidad de una meta de inversión de uno por ciento del PIB.
Acaso este congreso de biotecnología sirva para delinear una estrategia de desarrollo de la biotecnología y la ciencia, en general, y su inmediata aplicación a problemas concretos de industrialización, salud pública y agricultura. Además, aprovechando el talento humano disponible en biotecnología y mejorando la infraestructura industrial será posible fomentar un cambio de cultura empresarial en el que la meta sea generar bienes de alto valor agregado.
Los investigadores universitarios percibimos que estamos ante una época espléndida para la ciencia nacional, en el sentido de que se cuenta con el entusiasmo de decenas de jóvenes abnegados. El investigador científico demuestra dedicación y disciplina mental, y está dispuesto siempre a buscar las nuevas respuestas a las que se refería Einstein. En esta aventura excitante y altruística esperamos contar con el apoyo decidido de los tomadores de decisiones.
El autor es doctor en biología molecular, director del Centro de Biología Molecular de la UCA.