La importancia de cultivar actitudes

Erih Ulloa Ricarte

Algo que llama poderosamente la atención cuando uno recorre las calles de Taipei es el colorido de los anuncios publicitarios, las luces que adornan la ciudad (que en su mayoría emplea una tecnología que implica un muy bajo consumo energético: LED orgánicos), el tránsito de gente que circula a pie, motonetas y subterráneos, entre otros. Es notoria, además, la numerosa cantidad de pequeños negocios dedicados a la venta de artículos electrónicos, computadoras, talleres mecánicos, en su mayoría para atender las demandas de los miles de propietarios de motonetas.

El acelerado ritmo que se percibe en tales actividades, así como el nivel de desarrollo que se aprecia, aumentaban mi curiosidad de conocer qué había hecho de Taiwan uno de los tigres asiáticos y una de las economías que más acelerada y sostenidamente creció durante los últimos 30 años; elementos que se ven reflejados en el aumento del ingreso per cápita de sus ciudadanos de 150 dólares durante 1948-1960 a 12,572 dólares en el año 2002.

Muchos autores argumentan que esto obedeció a una serie de reformas económicas orientadas hacia la promoción de las exportaciones contrario a la sustitución de las importaciones como ocurrió en algunos países de América Latina. Sin embargo, como becario en la academia de temas económicos internacionales, descubrí que un elemento muy valioso es la actitud que se manifiesta en sus ciudadanos en cada una de las tareas que desarrollan.

Los padres de familia me comentaban que sus hijos emplean en promedio 60 horas a la semana en actividades escolares. Ellos tienen un ávido deseo de aprender constantemente y es notorio observar jóvenes estudiantes en la estación central del metro practicando inglés con los foráneos. Los empleados públicos tienen una elevada vocación de servicio y muestran cortesía, la que además resulta común entre los conductores de taxis y buses de transporte colectivo. Resalto este hecho dado la conocida conducta de los taxistas y buseros en Nicaragua.

Estas actitudes se cultivan en la familia, en la escuela y sin lugar a duda es un ingrediente clave en el desarrollo de Taiwan: existe a mi modo de ver una visión compartida de que los esfuerzos de cada uno en los ámbitos que se desenvuelven suman al todo y son responsables de ello; elemento que constituye el orgullo de los ciudadanos de Taiwan.

Es importante que los nicaragüenses cultivemos y practiquemos actitudes para el desarrollo, las enseñemos a nuestros hijos, las fortalezcamos mediante el ejercicio diario y seguramente pronto podremos cosechar los frutos de esta valiosa práctica.

El autor es ingeniero industrial.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí