Venezuela después del referéndum

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Venezuela después del referéndum





Pocos acontecimientos políticos latinoamericanos han despertado tanto interés mundial como el Referéndum Revocatorio realizado el pasado 15 de agosto en Venezuela. La diferencia ha sido que esta vez no se trataba de una guerra civil en marcha, sino de una polarizada consulta popular de alto contenido civilista, que ha conmovido a la opinión pública del país andino.

En realidad esta nación bolivariana ha dado ejemplo. Fue asombroso presenciar por televisión cómo largas colas de votantes permanecían horas enteras sin causar disturbios, ansiosos en depositar su voto. Fue por ello extraordinario que se cerrasen la urnas hasta la medianoche, una prolongación otorgada por el Consejo Nacional de Elecciones, que no quería pretexto que invalidara la transparencia de los comicios.

Por otra parte, es hecho notable que a los venezolanos les cuesta mucho el establecimiento de un régimen democrático. De hecho, este país ha vivido una historia política cruenta, víctima de golpes de Estado, derrocamiento de presidentes, enjuiciamiento de mandatarios, exilios de disidentes para caer de 1908 a l935 en una serie de regímenes militares despóticos. La democracia venezolana comenzó a emerger y afianzarse con la llegada al poder del escritor laureado Rómulo Betancourt.

A pesar de ello, hubo dos intentos de cuartelazo en los años noventa. El último —ya contra Chávez— resultó en un boomerang para el sector democrático, porque de ahí salió el presidente Hugo Chávez, consagrado como caudillo carismático, populista, radicalizado y de gran poder de convocatoria apoyado en la recta final por el ejército.

En todo caso, el acto comicial de la semana pasada sorprendió al mundo por la calma, orden y eficiencia en que se desenvolvió. Increíble de imaginar, después de dos años en que el clima de polarización se agravaba cada día.

Al final se depositaron un poco más de ocho millones de sufragios de los cuales correspondió el 42 por ciento a la oposición liderada por la Coordinadora Democrática y el 58 por ciento a la permanencia de Chávez en el poder, hasta el fin de su mandato.

Desde luego, han surgido voces en la oposición que alegan fraude, esta vez de tipo cibernético. Sin embargo, las trabas a tal posibilidad han sido confiables a juicio de autoridades de gran prestigio e imparcialidad, como la del ex presidente Jimmy Carter y César Gaviria, secretario General de la OEA, pedidos por la Coordinadora Democrática y al principio declarados ambos observadores entrometidos por Chávez y finalmente aceptado por éste ante la presión internacional. Como sostiene Jennifer McCoy, el código de seguridad empleado en los comprobantes hace difícil perpetuar cualquier dolo. Por otra parte, una auditoría efectuada en forma aleatoria en 150 mesas, días después de realizado el Referéndum Revocatorio, reveló que apenas en un 0.03 por ciento fueron detectados como anómalos

Como es lógico, siempre quedarán reductos de inconformes opositores que seguirán insistiendo en la nulidad del acto comicial.

¿Qué experiencias podemos obtener del suceso venezolano? Primero, que la democracia bien ejercida es capaz de resolver crisis por más agudas que sean como la mejor alternativa a la violencia. Segundo, que el mismo sistema democrático tiene portillos institucionales, por los que puede escapar un caudillo populista audaz. Y tercero, que conoceremos a partir de ahora, con más evidencia, la capacidad de la Coordinadora Democrática de mantener la cohesión del grupo, que sabemos heterogéneo y que deberá mantener ante el proceso comicial que se avecina al término del período de Chávez.

La oposición debe reconocer los resultados anunciados por el CNE y legitimados por los observadores internacionales, debe mirar al futuro pensando en Venezuela, sintiéndose orgullosa de haber participado en unos comicios de difícil realización que han devuelto la estabilidad a su país, el quinto productor de petróleo del mundo y empezar a focalizarse en un líder democrático que prosiga la lucha.

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