El dedo en la llaga de la educación

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El dedo en la llaga de la educación





El informe sobre el progreso educativo de Nicaragua, que fue presentado el lunes de esta semana por la entidad cívica Eduquemos, demuestra que si bien se han hecho grandes esfuerzos para ofrecer una apropiada educación básica a la población nicaragüense, la cantidad de niños y jóvenes que quedan fuera de las aulas de clase todos los años se mantiene estancada alrededor de los ochocientos mil.

Las alarmantes cifras presentadas en el informe están relacionadas con la insuficiente inversión que se hace en la educación básica, así como la ineficiencia del sistema educativo nacional que no ha logrado disminuir las altas y persistentes tasas de deserción y repitencia. Según el informe, más de la mitad de las y los niños que se matriculan no logran terminar la primaria.

Con toda seguridad que estos indicadores podrían mejorar si la inversión en la educación fuera más equitativa. Es absurdo e irracional que en un país donde tantos niños quedan excluidos de las escuelas por falta de recursos, se asignen cifras elevadísimas para la educación universitaria, en desmedro de la inversión en el subsistema de la educación básica.

Sin embargo el tema de la iniquidad de la distribución de los recursos para educación se ha vuelto un tabú en Nicaragua, y nadie o muy pocas personas quieren hacerle frente para lograr una asignación más justa para todos.

La difícil situación por la que atraviesa la educación no escapa de los tentáculos del caos político que vive el país, más bien es una víctima de esta situación. Los funcionarios encargados de diseñar y ejecutar las políticas públicas, que deberían mantener en la agenda nacional el tema de la educación, están entretenidos en repartirse cuotas de poder sin poner atención a las prioridades del país; o, peor aún, se prestan al juego de los caudillos partidistas a costa de la preparación para la vida de ochocientos mil niños y jóvenes.

La educación es como un vehículo en movimiento. El Gobierno, la sociedad y la empresa privada de un país son las fuerzas que determinan la velocidad de su marcha. Pero en la medida en que los ciudadanos asuman el tema como propio, en esa misma medida se irán viendo los resultados y cada vez más positivos.

Según una encuesta llevada a cabo en Nicaragua por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el año 2001 una de cada tres personas admitió que su prioridad era tener educación para sí misma y para sus familiares. El anhelo a educarse sobrepasó a las aspiraciones de los encuestados a tener un empleo o a mejorar su situación económica. Lo que se debe resaltar en estos resultados es que el 46 por ciento de la población nicaragüense estaba por debajo de la línea de pobreza (383.6 dólares anuales) en el momento de aplicar la encuesta.

Sin dudas que se trata de una buena y alentadora noticia, pues generalmente se supone que la gente que está aplastada o abrumada por la pobreza y la miseria en lo que menos quisiera pensar es en la educación. O sea que desde el punto de vista de los recursos humanos, de la población nicaragüense, las potencialidades y perspectivas para salir del estancamiento y avanzar por el camino del desarrollo, son excelentes. Lo que hace falta es el apropiado liderazgo político e institucional para encauzar apropiadamente la energía creadora que existe en la sociedad nicaragüense.

El antes mencionado informe de progreso educativo de Nicaragua contiene recomendaciones que vale la pena tenerlas en cuenta, sobre todo por la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional, lo mismo que de quienes están a cargo de la asignación de recursos del Presupuesto General de la República.

El sentido común y el más elemental sentimiento patriótico indica que en vez de perseguir candidatos de los partidos adversarios y de seguir pervirtiendo la administración de justicia, más de lo que ya está pervertida, hay que hacer a un lado los intereses políticos y velar por el bienestar y el progreso de los ciudadanos proporcionándoles la oportunidad de obtener la educación básica completa.

Pero, ¿seguimos predicando en el desierto?

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