Walter Hernández
Es deplorable que los políticos y altos ejecutivos de los últimos gobiernos de Nicaragua convirtieran a nuestra Patria en la universidad de ladrones comunes, adonde se destacan quienes cometen asaltos, hurtos o robos al erario y se escapan de la justicia.
Muchos dirigentes prefieren militar en un partido aún sin identificarse con los ideales del mismo; únicamente para disfrazarse como altos ejecutivos con la finalidad de tener la oportunidad para delinquir en contra del patrimonio nacional.
Desde la llegada de los sandinistas al poder la corrupción traspasó los límites de lo que se podría tolerar en el sistema más incivilizado del globo terráqueo. Cabe señalar también que el sacrilegio de la idolatría que muchos profesan hacia sus máximos dirigentes, es una demostración plena de que el nicaragüense ha preferido anteponer los intereses particulares a los de la Patria.
El gobierno del presidente Enrique Bolaños podría quedar en entredicho si la Procuraduría no trasciende en la condena de todos los que hacen del Ejecutivo el poder inepto, al no proceder en contra de los que podrían ser considerados antipatriotas y ser expulsados del país.
Considero que la poca o mucha indiferencia de tantos miembros del actual Gobierno los convierte en cómplices de los que han asaltado al erario nacional.