María José Zamora
Creo que es digno de imitar el valor de la licenciada Lissette Rivas Morales, quien el 16 de agosto publicó en LA PRENSA un artículo titulado El 25 aniversario de la matanza de Granada. En dicho artículo su autora relata la forma en que fue asesinado su padre, el doctor César Rivas Guillén, por los sandinistas. Este relato no es el primero que escucho; son miles los casos de personas que creyendo en la “generosidad” de los victoriosos sandinistas, se quedaron en el país y al igual que el doctor César Rivas fueron encarcelados y posteriormente aniquilados a sangre fría.
Es muy importante que los familiares de esas personas hagan públicos los crímenes sandinistas. Aunque ya nada se pueda hacer en términos de justicia terrenal, al menos se ilustra a los lectores y lectoras jóvenes sobre lo que verdaderamente fue la revolución sandinista. Es necesario desmitificarla.
Cuando pienso que el gobierno sandinista sembró de minas gran parte del territorio nacional y que éstas continúan cobrando vidas y dejando a personas mutiladas, me pregunto si existe diferencia entre esto y ordenar el bombardeo indiscriminado de una ciudad. Tanto que criticó el sandinismo al somocismo para que 25 años después el primero tenga todos los vicios del segundo, y más.
Por todo lo anterior yo me pregunto: ¿Cómo es posible que 25 años después de la peor traición a este pueblo se celebre el 19 de julio como feriado nacional? ¿es que en este país se perdió la dignidad?
A 25 años del fin de la dinastía somocista quisiera retroceder el tiempo y no haber creído jamás en la revolución sandinista.