Obispo

Jorge J. Cuadra Se me pone la carne de gallina y se me nublan los ojos al leer la semblanza de ese obispo de Dios, que siguió fielmente la doctrina de Cristo y fue refugio de los perseguidos. Mi corazón clama a Dios Nuestro Señor ante la ausencia de esos hombres santos y con voz […]

Jorge J. Cuadra

Se me pone la carne de gallina y se me nublan los ojos al leer la semblanza de ese obispo de Dios, que siguió fielmente la doctrina de Cristo y fue refugio de los perseguidos. Mi corazón clama a Dios Nuestro Señor ante la ausencia de esos hombres santos y con voz de nostalgia digo: ¡oh Señor Jesucristo!, ¿por qué tardas, por qué nos has abandonado en este valle de lágrimas?

El obispo Calderón y Padilla fue tan grande en su humildad y en su amor al prójimo, que se convirtió en letanía viviente. Obispo Calderón y Padilla, refugio de los perseguidos, ruega por nosotros.

Jamás se rindió ante los halagos del poder y, como los santos, renunció a las pompas de la vanidad y de la adulación. Ahora yace entre los pobres, lejos de los altares catedralicios, en una tumba coronada por una simple cruz, la misma que cargó durante su vida al optar por ser el obispo de los pobres y de los perseguidos.

Desde este valle de lágrimas, nos encomendamos a su eterna protección y le rogamos que sirva de ejemplo y de inspiración a los obispos de turno, para que regresen al camino de la justicia y de la humildad.

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