Ninguna dieta es milagrosa

Las dietas milagrosas prometen adelgazar de forma rápida y sin esfuerzo, sin embargo, quienes las ponen en práctica, al abandonarlas recuperan más kilos que los perdidos. A este fenómeno se le conoce como efecto yo-yo, y no sólo no consiguen corregir los malos hábitos de alimentación, si -no que acentúan los errores. Otro elemento que […]

Las dietas milagrosas prometen adelgazar de forma rápida y sin esfuerzo, sin embargo, quienes las ponen en práctica, al abandonarlas recuperan más kilos que los perdidos. A este fenómeno se le conoce como efecto yo-yo, y no sólo no consiguen corregir los malos hábitos de alimentación, si -no que acentúan los errores.

Otro elemento que colabora a este efecto yo-yo es la evidencia de que las dietas milagrosas no corrigen los malos hábitos de alimentación de las personas, que son los verdaderos responsables del exceso de peso.

Muchas personas, tras haber perdido peso al término de una dieta, milagrosa o no, se permiten numerosas concesiones o caprichos alimenticios, lo que provoca que se ganen aún más kilos que los que se han perdido.

Es fundamental considerar que el tratamiento del exceso de peso es un proceso a largo plazo, por eso la dieta debe ser no sólo baja en calorías, para lograr un balance calórico negativo que permita bajar de peso quemando grasa, sino también nutricionalmente adecuada.

Lo correcto es que una dieta tenga de 50 a 60 por ciento de hidratos de carbono, entre 15 y 20 por ciento de proteínas y entre 25 y 30 por ciento de grasas.

Una alimentación adecuada debe ser variada, incluyendo todo tipo de alimentos, ya que esto es imprescindible para el aporte de nutrientes que son esenciales para la salud y, por lo tanto, para la vida. No cuente sólo las calorías de los alimentos.

El ritmo más adecuado para un descenso de peso es de medio kilo a un kilo por semana. Una disminución de peso superior sólo puede explicarse por la pérdida de masa magra o muscular, y no grasa.

Tampoco es bueno tomar medicamentos para perder peso. No somos todos enfermos como para necesitar drogas para perder peso. Los medicamentos para bajar de peso son drogas y crean dependencia psico-física.

Un régimen alimenticio correcto nos debe permitir perder peso y mantener después el peso logrado. El plan de alimentación debe ser personal ya que varían no sólo las calorías requeridas (en función de la edad de la persona, sexo, actividad física, estatura) sino también del tipo de alimentos, la forma de distribución, etc., en base a los gustos, hábitos, horarios de trabajo, y dónde come.

La autora es nutricionista del Hospital Salud Integral.

HÁBITOS SANOS

La alimentación y hábitos adecuados son sus aliados.

Medicamentos. No necesitamos medicamentos para perder peso, salvo excepciones donde exista algún problema físico o metabólico comprobado a través de estudios complementarios.

Desayuno. Ayuda a obtener niveles adecuados de energía para el resto del día y en el control del peso. Las personas que no desayunan, tienden a comer mayores porciones al almuerzo o la cena, o a tener más hambre entre comidas.

Alimentación. Incorpore proteína (huevos-pollo-atún-batidos) y alimentos de grano entero (pan integral-cereales integrales) a su desayuno. Estos alimentos se absorben más lentamente que los carbohidratos procesados (pan blanco-repostería), le dan más energía y evitan las fluctuaciones de azúcar en sangre (control del apetito)  

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