Roberto Morales M.*
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Nepotismo también es corrupción
Roberto Morales M.*
La corrupción gubernamental es la desviación de los fines de la función pública en beneficio particular o de sus familiares. La corrupción pública tiene dos variantes: a) La corrupción sistemática; b) La corrupción caótica vinculada a una determinada conducta para obtener beneficios, (soborno, extorsión, desfalco, tráfico de influencias, nepotismo, etc.)
En la actualidad, corroe a las democracias latinoamericanas la cultura de lo fácil, bajos salarios en el sector privado, condiciones y sueldos de algunos privilegiados empleados públicos, desigualdades sociales, clientelismo, impunidad y, especialmente, el nepotismo, hacen de cualquier administración pública un suelo fértil para la corrupción. Lamentablemente, es difícil luchar contra este mal, especialmente intentar terminar con tales prácticas cuando se ha formado parte de ellas, de manera pasiva o activa, hasta el punto que son extensibles a cualquier persona, incluyendo a quienes hemos permanecido en silencio y no denunciamos la corrupción en su momento.
El Estado no se puede manejar como un negocio familiar o empresa privada, porque el Gobierno es el lugar donde se encuentran los distintos sectores de una sociedad para armonizar políticas en beneficio de los gobernados. Sin embargo, cuando un gobierno, sus representantes y demás servidores públicos ingresan al fabuloso mundo del nepotismo se encuentran con un virus muy difícil de erradicar, sobre todo, si se ha tenido la oportunidad de disfrutar de sus beneficios.
El diccionario de la Real Academia Española, Madrid 1992, Vigésima Primera Edición, define al nepotismo como la desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos. En el término se incluyen la concesión de beneficios, el otorgamiento de contratos de servicios profesionales (por ejemplo, cuando son contratados familiares por proyectos de organismos internacionales), de bienes, incentivos económicos y demás ayudas que ofrece el Gobierno a determinadas personas por el sólo hecho de ser parientes, amigos o allegados desde el Presidente hasta el último de los servidores públicos. El nepotismo, como cualquier forma de corrupción, tiene la capacidad de transformarse y adaptarse, poniendo siempre en peligro la fiscalización y la transparencia de las instituciones democráticas.
Arnold Heidenheimer, autoridad en materia de corrupción gubernamental y procesos políticos, en su obra Political Corruption plantea que el nepotismo es un tipo de corrupción gubernamental peligroso. Su aporte consistió en identificar a profundidad la relación del nepotismo con otros niveles de corrupción política que no se limitaban a los patrones convencionales. Él descubre cómo el nepotismo puede utilizar las posiciones e influencias políticas para adelantar, ilegalmente, intereses políticos partidistas. Su aporte permitió replantear el nepotismo no sólo como una modalidad de corrupción basada en el parentesco, sino también concebir el problema en términos de relaciones políticas, económicas o personales, sean éstas íntimas o basadas en intereses definidos, intencionales o no.
Años después, Syed Hussein Alatas, en su obra The Problem of Corruption, aborda las múltiples modalidades de corrupción que se hacen viables a través de las relaciones íntimas. El autor afirma que el nepotismo contemporáneo conlleva el trato preferencial para parientes, amigos y colegas; y que también puede incluir el trato preferencial para instituciones, organizaciones y partidos políticos.
Ninguna persona con parentesco de padre, madre, hermano, hermana, tío, tía, esposo, esposa, hijo, hija, yerno, nuera, sobrina, o sobrino puede ser ubicado en una relación laboral del Estado, salvo que haya ingresado antes de su mandato, mediante concurso público de méritos, así como muchos de los familiares no tienen los conocimientos ni experiencia necesarios para ocupar determinados puestos o desempeñar determinadas labores. Sorprende, además, que algunos familiares no se ocupen en el sector privado, en sus propias empresas o las familiares, sobre todo, por la cuantiosa experiencia empresarial, perdiéndose estos valiosos cuadros en el sector público, o ¿será que ganan más sirviéndose del Estado que trabajando en sus propias empresas o directamente en el sector privado?
Transparencia Internacional, ONG dedicada a combatir la corrupción, basado en el Informe Global de la Corrupción (Global Corruption Report) del 2003 otorgó a Nicaragua el puesto 88. Evidentemente, si nos fiamos de la fuente, tal situación debería preocupar a nuestras autoridades y obviamente a todos los nicaragüenses honestos y dignos, tanto dentro como fuera de Nicaragua. Sin embargo, las redes de la corrupción fueron muy bien tejidas por personas que continúan en puestos claves, continúan adorando al señor caudillo y continúan con las viejas prácticas del pasado, otorgando beneficios a los amigos y allegados, inclusive a los hijos de éstos; en vez de dar cabida a los profesionales honestos y probos que no venden su dignidad por un espaldarazo, un apretón de manos, una foto, etc., como muchos que sí lo han hecho y lo seguirán haciendo para mantener los favores de la administración gubernamental.
El nepotismo es un comportamiento antidemocrático. Es menester que el actual Gobierno examine detenidamente y con prudencia las condiciones en que debe contratar al personal. La política de contratación pública de Nicaragua debe cambiar proponiendo que mediante concurso público de méritos se pueda recibir a personas altamente calificadas para ocupar las vacantes, se contrate a los más aptos, para servir al país, y que todo empleado sea seleccionado, capacitado, ascendido y se mantenga en su puesto de trabajo en consideración a sus capacidades.
* El autor es jurista en Derecho Internacional