Fotos y Texto: Antonio Aragón Renuncio
El 16 de junio fue, aunque para la mayoría de nosotros carezca de sentido, el Día Internacional del Niño Africano. Un día normal y corriente para los que habitamos en la, algunas veces, tranquila, cómoda y apacible vida occidental, pero que tiene un simbolismo especial para los que nunca han tenido nada –ni siquiera el triste pensamiento de saber que jamás lo han tenido–. Este reportaje es el retrato, en forma de pequeño homenaje, de cualquiera de los millones y millones de niños perdidos que habitan en el continente en el que un día, dicen, surgió la vida, y que ahora, poco a poco, muere sin remedio.