El incierto arte de predecir elecciones

Peter R. Bernal*

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El incierto arte de predecir elecciones


Peter R. Bernal*




Las encuestas de opinión antes de las elecciones en Estados Unidos, de acuerdo al momento suben y bajan y por dondequiera se escuchan opiniones acerca de los próximos comicios presidenciales. De acuerdo con esos expertos el triunfo electoral tendrá relación con la guerra de Irak, la economía, los valores morales, la personalidad de los candidatos, su capacidad de recaudación de fondos y todo lo demás. Para muchos el presidente George W. Bush tiene asegurada la reelección, para otros será la fórmula Kerry-Edwards. Esto no es nada nuevo o exclusivo, ya que en la práctica existe todo un arte de predecir elecciones en base incluso a investigaciones académicas.

Hace días, un profesor de la Universidad de Yale anunció una gran victoria para Bush, utilizando modelos de predicción que sólo fallaron con el pronóstico de la victoria de Albert Gore en el 2000. Por supuesto que hasta eso le favoreció al ilustre académico, ya que Gore ganó al menos el voto popular por más de medio millón y obtuvo tres votos electorales menos de la mitad de los 538 votos electorales necesarios para ocupar la Casa Blanca, así que su modelo no se equivocó realmente. El propio autor de este método señaló que “algo nuevo pudiera estar sucediendo…” Nos atrevemos anticipar que jamás había habido un electorado partidarista tan polarizado, incluso, por primera vez en muchos años, los demócratas parecen impresionantemente unificados para tratar de recuperar el Poder Ejecutivo y Legislativo y los republicanos, por su parte parecen decididos a no perderlo. ¿ Y los independientes qué? ¿quién sabe?

El diario USA Today compartió hace unos días otras formas de predecir el proceso presidencial estadounidense que nos proponemos a comentar y hasta criticar. Empecemos por la más simpática. La estatura de los candidatos. Desde que la televisión comenzó a reportar todos los detalles de las campañas, la estatura se convirtió en un factor importante para los pronósticos. En 1980, Ronald Reagan (6′ 1″) superó a Jimmy Carter (5′ 11″). Todos recordamos que en 1988 George Bush padre (6′ 2″) derrotó a Michael Dukakis (5′ 8″). En 1996 Bill Clinton (6′ 2″) derrotó a Bob Dole (6′ 1″) y la excepción fue en 1992 cuando Clinton le ganó a Bush padre, pues ambos miden (6′ 2″). El fenómeno del voto electoral sobre el voto popular, rompe este modelo. En el 2000, George W. Bush (5′ 11″) triunfa sobre Dore (6′ 1″). Para no contradecir esta manera de pronosticar elecciones y tener valor, tendría que suceder de nuevo en el 2004, pues en este caso, el senador John F. Kerry mide (6′ 4″) o sea, cinco pulgadas más que el presidente Bush. De lo contrario este modelo sería un presagio de “landslide” o avalancha de votos para los demócratas Kerry-Edwards.

Pero otro modelo les daría a los republicanos la ventaja. Los últimos presidentes demócratas han sido sureños: Lyndon Johnson (Texas), Jimmy Carter (Georgia) y Bill Clinton de Arkansas. Según esta forma de pronosticar Kerry (Massachusetts) tendría que ir preparándose para felicitar a Bush (texano y por lo tanto sureño) por su triunfo. Este modelo tiene cierto sentido, los demócratas sureños tienen fama de “moderados” y de “liberal”. Los republicanos se darán banquete señalando el liberalismo del Estado de Kerry para impedir su triunfo en los Estados más “moderados y conservadores”. Pero recuerden que 44 años atrás una fórmula de dos senadores (John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson), uno de la región de Nueva Inglaterra y otro del Sur rompieron este modelo.

Además, en el método anterior, los demócratas pueden consolarse. El importante Estado de Ohio, es uno que los republicanos no pueden perder para llegar a la casona de la calle Pennsylvania. Así lo señalan tirios y troyanos. Ningún presidente republicano ha llegado allí sin una victoria en ese importante Estado del Medio Oeste con 20 votos electorales. Los sondeos de hoy indican que están de uno u otro lado, por el margen de error y que el tema será la economía y los votantes independientes. Es considerado un Estado republicano que votó por Clinton en el (92 y 96), pero volvió al partido del elefante en el 2000. También hay buenas noticias para los republicanos, otro modelo nos recuerda que generalmente, cuando hay guerra, los votantes se quedan con el titular. Roosevelt lo demostró en 1944 al conseguir su cuarta elección. También James Madison (guerra de 1812) y Richard Nixon en 1972 (guerra de Vietnam). Hay sus excepciones, Johnson en 1968, se retiró por razones militares (Vietnam) y Harry Truman no se presentó a las elecciones por el conflicto en Corea en 1952. Ningún modelo es perfecto. Pero en base a todo esto, Bush tendría la ventaja de ser “un presidente de guerra” como le gusta decir.

Si los demócratas se preocupan por el anterior modelo o patrón, pudieran encontrar aliento en éste. Cuando un presidente en función, en el caso de Bush, tiene un índice de popularidad o aprobación por debajo del 50 por ciento en la mayoría de las encuestas, generalmente no se reelige. Los cinco titulares desde Dwight Eisenhower que ganaron estaban por encima del 50 por ciento a principios de año. Tres de ellos que tenían menos al llegar marzo perdieron. Claro que los índices de aprobación pueden cambiar y ahí radican las esperanzas en este modelo de los republicanos que hoy les es claramente negativo. Finalmente la economía, y si nos guiamos por ciertos indicadores, está mejorando. De ahí la fórmula del profesor de Yale que anticipa el triunfo de Bush. El problema principal está en que los demócratas siguen insistiendo en la precaria situación de la creación de nuevos empleos en los tres años y medio de esta administración, comparado con el florecimiento laboral de la “era Clinton”.

¿Cómo concluir en relación con el valor real de estos modelos o patrones? Aunque uno contradice al otro, por lo menos nos hace entender y sobre todo meditar sobre el panorama político nacional. Los expertos no dejan nada por investigar, pero nada. Todo puede ser una simple especulación. Sería mejor acudir al ex jefe del partido Republicano Frank Fahrenkopf Jr. al calificar estos comicios de “la más confusa elección presidencial de todas las que he visto”. Sólo le añadiríamos, que son además profusas y difusas.

* El autor es periodista, analista internacional

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