Dios salve a Venezuela

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Dios salve a Venezuela





El sólo hecho de que se deba celebrar un referendo para decidir si el presidente de Venezuela Hugo Chávez debe o no seguir en el poder, indica que éste no ha sido un buen gobernante. A pesar de que el presidente venezolano y sus seguidores aseguran que el referendo es una demostración del carácter democrático de su gobierno, pues ningún otro gobernante del mundo hace lo mismo, la verdad es que Chávez fue obligado a someterse al referendo por sus opositores democráticos que recogieron tres millones de firmas para respaldar su demanda y tratar de poner fin cívicamente a un régimen que quiere convertir a Venezuela en otra Cuba comunista, como quisieron hacer los sandinistas con Nicaragua.

El izquierdista coronel Hugo Chávez Frías —quien encabezó un fracasado golpe militar de Estado en 1992—, subió al poder en 1999 por medio de una elección libre porque mucha gente creyó en sus promesas populistas, o porque creían —y siguen creyendo— que el extremismo revolucionario resolvería los problemas del país, o porque estaban cansados y desilusionados de la corrupción de los políticos democráticos.

Pero el remedio resultó peor que la enfermedad. En primer lugar, como dice Tomás Eloy Martínez: “Chávez hizo un milagro que nadie había conseguido desde las guerras de la independencia: partió a la sociedad en dos mitades tan rencorosas que nadie ve cómo podrían reconciliarse”. Sin embargo, el país sigue tan corrupto como antes, o más, con la diferencia de que los corruptos “reaccionarios” fueron sustituidos por corruptos “revolucionarios”. Y pese a las inmensas riquezas petroleras que tiene Venezuela, la pobreza se ha incrementado de manera impresionante y centenares de miles de venezolanos han tenido que huir del país desastrado por la revolución chavista.

En realidad, como asegura el académico venezolano Alfredo Skéller (Populismo institucional y revolucionario en Venezuela): “Un país con 25 millones de habitantes e ingresos anuales de 22 mil millones de dólares por concepto de venta petrolera, lo que representa el 84 por ciento de sus exportaciones totales, no debería tener los índices de pobreza que muestra Venezuela” (69 por ciento de pobreza general y 33 por ciento de indigencia en el año 2003, según investigaciones de la Universidad Católica Andrés Bello). Por su parte, Andrés Oppenheimer ha escrito que “una de las grandes incógnitas de los últimos años es qué destino dio el gobierno (de Chávez) a los formidables ingresos petroleros, que subieron de 16,735 millones de dólares en 1999, cuando el barril valía 10.57, a casi 46 mil millones en 2003, con el precio estabilizado en 26 dólares. La huelga petrolera de varios meses que postulaba, entre otras cosas, desalojar a Chávez del poder, dejó la industria casi en escombros, pero aún así Venezuela ha podido exportar un millón 300 mil barriles diarios a Estados Unidos y seguir siendo el quinto proveedor de ese país”. Por otro lado, Chávez sólo aceptó el referendo bajo ciertas condiciones que le permitirían asegurarse el triunfo: la votación se hará mediante un nuevo sistema electrónico instalado por una compañía (Bitza com.) en la que es condueño el gobierno y un ministro de Chávez es uno de sus directores; la pregunta a los votantes (“¿Está usted de acuerdo con dejar sin efecto el mandato popular otorgado —al presidente Chávez— mediante elecciones democráticas legítimas?”), es sesgada a favor del Presidente; si hubiera controversia sobre el resultado del referendo resolvería la Corte Suprema en la que los chavistas son mayoría de 20 contra 12; y además se prohibió y penalizó con cárcel que la oposición democrática recibiera apoyo económico externo, mientras Chávez llevó a unos 10 mil maestros y médicos de Cuba comunista para hacer campaña a su favor.

La esperanza de los demócratas venezolanos radica en que, si para la petición del referendo lograron recoger más de tres millones de firmas a pesar de que tuvieron que hacerlo abiertamente y bajo la represión, entonces, en una votación secreta podrían obtener los más de cuatro millones de votos que necesitan para derrotar a Chávez.

Ahora bien, ¿están dispuestos Chávez y los chavistas a aceptar la derrota? Cualquiera que sea la respuesta, lo cierto es que gane o pierda el peligroso aprendiz de dictador Hugo Chávez, sólo cabe pedir y esperar que Dios salve a Venezuela.

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