Marco A. Mayorga
¿Es indispensable la eficiencia en el sector privado? Sí, porque la empresa que no es eficiente cambia, se vende, o quiebra. Otra empresa o administración eficiente tomará su lugar y el mercado se encargará de aceptarla o rechazarla nuevamente. La mala administración, el mal servicio y el mal producto no pueden permanecer por mucho tiempo.
¿Es indispensable la eficiencia en el sector estatal? Aún no existe la conciencia de que solamente en forma organizada y actuando eficientemente, Nicaragua puede generar riqueza y contar con los recursos para atender los aspectos sociales. En el Estado se manipula la realidad sobre la eficiencia y se traslada la culpa, pero los resultados no pueden esconderse. La mayoría de las cifras económicas y los índices sociales califican al país como perdedor, pobre e ineficiente. Por mucho tiempo se ha administrado ineficientemente a Nicaragua. No hemos podido caminar por muchos años seguidos por la ruta del progreso. Cuando se ha podido, los contrarios no lo permiten y así sucesivamente.
En ambos sectores la ineficiencia fácilmente se propaga, se disfraza o manipula y se puede evadir la responsabilidad. Basta que una persona o un grupo pequeño de personas independientes u organizadas se lo propongan, para desviar la eficiencia. La ineficiencia hace perder la visión y el enfoque.
En el sector privado existe sentido de urgencia y se actúa de inmediato. Se deja a un lado lo que no funciona y se acepta la prisa de cambios de actitudes en las personas y reestructuración administrativa. Es asunto de sobre- vivencia. El cierre de una empresa por ineficiencia es parte de la evolución y se toma como algo posible.
En el sector estatal de Nicaragua, aún aceptando la cruda realidad de nuestros resultados económicos y sociales, no se reacciona. Algunos políticos del sector público no toman en serio la eficiencia; al contrario, confunden a la población; el mensaje es que la eficiencia no es popular. Entonces el debate se desvía y el esfuerzo se diluye.
El manejo de la política partidaria aún mantiene como ejes de campaña la defensa de culturas y costumbres ineficientes. Finalmente, la ineficiencia abarca a casi todo el país y es costeada con más impuestos por la misma población. De manera que la inversión se escapa y no hay recursos para atender asuntos sociales.
En el sector privado se diferencian las empresas eficientes. La población favorece al eficiente, adquiriendo sus servicios o productos. El sector del Estado sólo es uno (no obstante se molestan al comparar con otro país), pero la población percibe ineficiencia, percibe un país desordenado, que no anda bien. La opción es convivir con la ineficiencia o emigrar a Costa Rica o Estados Unidos.
Independientemente del buen o mal trabajo y esfuerzo que en cada Poder de Estado se realiza, la población tiene una percepción negativa. Al Poder Ejecutivo la población en general lo percibe ineficiente, aunque al parecer existen instituciones que son eficientes, como el Aeropuerto, Iniser y otras. A veces algunos ministerios y otras instituciones en diferentes administraciones han sido eficientes.
El Poder Legislativo también es percibido por la población como ineficiente. Asimismo, se perciben ineficientes casi todas las instituciones cuyo(s) principal(es) debe ser nombrado por este Poder. El Poder Judicial es nombrado por el Poder Legislativo. Salvo algunos casos individuales, la percepción generalizada de la población es que su resultado es ineficiente. El Poder Electoral es nombrado por el Poder Legislativo y también la población lo considera ineficiente.
Los resultados actuales indican que la solución no está en el parlamentarismo o cambio de sistema; el verdadero cambio está en las actitudes y compromisos individuales de reconocer que el progreso necesita de ideas y acciones muy claras. En aceptar realizar sacrificios que signifiquen mejorar la eficiencia que es lo mismo que productividad y progreso. Contrario al actual esquema ineficiente de “siempre volver a comenzar”, de no sumar esfuerzos; al contrario, mal utilizar los escasos y necesarios recursos que produce y recibe Nicaragua. Se ha repetido tanto sacrificio sin logros, de estar reconstruyendo lo destruido, que la verdadera propuesta alrededor de la eficiencia ha perdido credibilidad.
El autor es empresario, fue presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua.