AFP
SAN JOSÉ.- La promoción de nuevas leyes penales y los grandes despliegues militares ordenados por los gobiernos de Centroamérica se han revelado inútiles para detener la ola de violencia atribuida a las pandillas conocidas como “maras”, a las que estarían vinculados más de 200,000 niños y adolescentes.
Las redadas masivas, que sólo en El Salvador condujo a la detención de más de 17,000 “mareros” en el último año, aumentan los niveles de tensión social pero no reducen la violencia que sigue castigando a la población en general, opinan analistas de la región.
Tampoco han sido efectivas las leyes de “mano dura” que aumentan las penas, aplican el mismo proceso penal para adultos y menores y convierten en delito la condición de miembro o dirigente de las pandillas.
Cifras oficiales indican que en el primer semestre de 2004 se registraron 2,000 asesinatos en Guatemala, 1,257 en El Salvador y 1,580 en Honduras, lo que suma 4,837 sólo para estos tres países, los que tienen más problemas con las pandillas.
En Guatemala, donde hace una semana se lanzó una operación callejera con 4,000 policías y soldados, supuestos pandilleros asesinaron la noche del lunes al chofer de un autobús.
La capital amaneció este martes semiparalizada por una huelga del gremio de conductores, que cerraron carreteras para protestar por la inseguridad en que deben brindar el servicio y para pedir al Gobierno medidas realmente efectivas.
IMPUESTO DE GUERRA
En Honduras la prensa reveló esta semana que las “maras” cobran un “impuesto de guerra” a los conductores del transporte colectivo por entrar a los barrios bajo su control, y que este sistema de chantaje lo dirigen los líderes desde la cárcel.
Aún más dramática fue la aseveración de Miguel Montenegro, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de El Salvador, una instancia no gubernamental.
“El actuar de las pandillas sólo nos hace recordar una cosa: los escuadrones de la muerte que había en la época de la guerra civil (1980-1992).