La sirena que cuida el carro

Mercedes Gordillo

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La sirena que cuida el carro


Mercedes Gordillo




La sirena era un legendario ser de la antigua mitología griega, que atraía con sus cantos a marineros de lejanos mares. La sirena, mujer semidesnuda de gran belleza, pelo largo y cola de pescado, reaparece en nuestros tiempos como figura anunciada en La Chalupa, ese juego popular de la mitad del siglo XX, cuando aún no había televisión. La gente acudía a un local acondicionado con mesas de tablas improvisadas y sillas alquiladas alrededor, el cliente compraba dos cartones con figuritas impresas a colores, debía llenarlos para ganar La Chalupa. ¡La sirena!, gritaba el dueño o encargado y uno ponía en el cuadrito correspondiente un grano de maíz o frijol. Así, hasta señalar cada figurita, una especie de bingo sin números. Al llenar el cartón, el ganador obtenía un premio que podría ser un vaso, una pana o algún florero plástico.

La sirena a que me refiero hoy se trata de una culebra venenosa llamada Sirena por su dueño, un capitalino vecino del Mercado Oriental. En Nicaragua esa Sirena ejerce el oficio de CPF, o sea, vigilante de una camioneta blanca que posee su dueño. Esta noticia apareció en el Noticiero Independiente de Telenica Canal 8, el 2 de agosto al mediodía. Me pareció sorprendente comprobar la creatividad del dueño de la Sirena, usándola para cuidar su vehículo. Simplemente, dice él, “encierro a la Sirena dentro de la camioneta y me voy muy tranquilo a mi trabajo, sin preocuparme por los ladrones”.

El mismo ciudadano explica seriamente que varios delincuentes han intentado robar el auto en distintas ocasiones; pero que desde el primer día que dejó a la Sirena dentro del carro, los ladrones huyen aterrorizados ante la amenaza de un mordisco de la serpiente. Hasta aquí la extraña noticia.

Este hecho es absolutamente indicativo del desamparo que día a día padecemos los nicaragüenses. No hay presupuesto para las patrullas policiales que podrían vigilar y tal vez ahuyentar a los maleantes. No hay suficientes carros patrulla. Éstas no tienen sirenas. Los policías ganan una miseria, lo que en algunos casos se presta a la corrupta mordida. Durante huelgas, motines y otros, apedrean a los policías, reciben morterazos, algunos resultan muertos, las capturas a delincuentes acusados se convierten en verdaderos combates, sean éstos delincuentes comunes o políticos.

La Policía no puede controlar los crecientes delitos que se cometen en Managua, menos los de todo el país. Cada día se producen más asesinatos, robos, saqueos al Estado, protegidos por leyes injustas y sentencias tortuosas. Pobreza y más pobreza, ignorancia producida por la pobreza, ausencia de educación, sin educación no hay avance, sin avanzar retrocedemos, al retroceder el pueblo alcanza los límites más elementales de subsistencia, se traduce en ladrones de alto vuelo, roba gallinas, huele pega, mujeres y hombres asesinados, peatones arrollados diariamente por conductores que les vale la vida, aunque sea miserable. No hay comida, no hay empleo, mientras suben los precios de alimentos, tarifas de agua, luz, gasolina, etc.

Existen quejas de todos los tipos, convertidas en lamentos inútiles, desoladas. Este país está llegando o ya llegó al caos, al cambio de valores, todo está trastocado. El colmo es que una culebra sustituya a un vigilante, pero a lo mejor ella es honrada, eficiente, no hace huelgas, se conforma con un poco de comida. En este caso, solamente muerde a los ladrones para ahuyentarlos y protege la propiedad privada.

* La autora es escritora nicaragüense.

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