Carlos René Ramírez
Para los que tenemos experiencia en crédito agrícola al pequeño agricultor resulta chocante oír a los sandinistas decir que no hay financiamiento para el campesino. Creen que el hombre del campo no recuerda que ellos saquearon al Banco Nacional que tenía 85 años de funcionar; que cancelaron el crédito rural en 1988 y conculcaron el desarrollo del país, pues en 1978 el PIB de Nicaragua era de 800 millones de dólares, igual que Costa Rica, y 10 años después cuando el pueblo los sacó del poder con los votos, las exportaciones eran apenas de 250 millones de dólares y mientras que Costa Rica subió a cuatro mil 500 millones. Actualmente (25 años después del desastre sandinista) Nicaragua no ha superado la cifra del 78 y Costa Rica supera los seis mil millones de dólares.
El Banco Nacional de Nicaragua desarrolló empresarios grandes y pequeños, y el Banco Nacional de Desarrollo hizo grandes empresarios a base de rapiña que produjo la quiebra del banco del Estado. En consecuencia no existe un banco estatal por temor a repetir lo mismo del sandinismo y de las administraciones de dicho banco durante el gobierno de doña Violeta, que le dieron el tiro de gracia perjudicando al pequeño productor. En Costa Rica existen cuatro bancos estatales: Banco Nacional de Costa Rica (creado en 1914), Banco de Costa Rica, Banco Popular y Banco de Crédito Agrícola. Por ley, esos bancos trasladan anualmente el 10 por ciento de sus utilidades al Instituto de Fomento Cooperativo, que significan más o menos seis millones de dólares, para promover, capacitar y financiar al poderoso movimiento cooperativo costarricense.
El BID declaró como el mejor programa de crédito agrícola al pequeño agricultor en Latinoamérica en 1967, ejecutado en el estatal Banco Nacional de Nicaragua manejado por hombres honestos que nunca robaron ni han robado dentro de la corrupción fresca y oronda en nuestra pobre Nicaragua.
Siempre he sostenido que el Estado es el gestor del bien común sobre todo en países cuyo subdesarrollo está en la mente de su gente, especialmente en aquéllos cuyo norte de superación económica radica en convertirse en políticos para volverse ricos en poco tiempo como los ejemplos que conocemos.
Los campesinos nicaragüenses no tienen un banco estatal que los libere de los intereses de usura de la pléyade de voraces disfrazados de organismos sin fines de lucro. El Premio Nóbel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, después de ejercer la vicepresidencia del Banco Mundial y asomarse a los desmanes de los que dictan las políticas económicas a nuestros países (FMI, etc.), considera que el sector estatal debe resurgir como antes y ser parte activa en la administración del crédito en las áreas de desarrollo; menciona la escasez del crédito para las pequeñas empresas de todo tipo en América Latina y allí debe actuar la banca pública.
Aquí puede regresar una banca pública honesta con funcionarios íntegros apartando a la jauría que aún ronda sedienta de explotación. Ojalá que los funcionarios en el Gobierno de don Enrique Bolaños piensen en la mayoría de los nicaragüenses que claman por salirse de las garras de los usureros de saco y corbata, que anhelan trabajar con apoyo total del Estado y que constituyen el futuro desarrollo vigoroso de Nicaragua porque son la reserva moral de la nación.
El autor es experto en cooperativas y crédito agrícola.